Estrecha unidad entre el movimiento sindical y el partido proletario

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25 abril, 2015 por arenaslibertad

Artículo “Estrecha unidad entre el movimiento sindical y el 
partido proletario” extraído del libro Por dónde empezar
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El movimiento sindical de la clase obrera de España tiene una larga tradición de lucha contra los patronos y sus gobiernos. Basada en sus organizaciones sindicales, a lo largo de la historia, la clase obrera ha ido conquistando numerosas mejoras económicas, políticas y sociales. Pero muy pronto se reveló que esas formas de organización y de lucha son insuficientes, por sí solas, para acabar con la explotación capitalista; que la burguesía quita por un lado lo que se ve obligada a conceder por el otro, y que para acabar con esta situación es necesario tomar el poder. Una vez comprendida esta verdad, el movimiento sindical fue vinculándose a los partidos políticos obreros, cuyo principal objetivo consiste en dirigirlos en la lucha por la destrucción del estado capitalista y la edificación de uno nuevo, en el que se pueda llevar a cabo su completa emancipación.

Durante nuestra Guerra Nacional Revolucionaria, los sindicatos, que agrupaban a más de tres millones de trabajadores, jugaron un importante papel en el Frente popular, en los campos de batalla y en la retaguardia. Tras el triunfo del fascismo, los sindicatos fueron deshechos por la reacción y sus mejores hombres aniquilados o perseguidos. El lugar de las auténticas organizaciones sindicales obreras, vino a ocuparlo las bandas de pistoleros falangistas que sirven a los monopolios. Estas bandas de pistoleros se constituyeron en “sindicato”, y desde entonces su cometido ha consistido en controlar a los obreros y pasar “listas negras” de los más destacados luchadores a la policía política.

Pero las grandes masas obreras se han mantenido siempre al margen y enfrentadas al sindicato policía de la patronal y el gobierno. Esto les ha permitido ir arrancando continuas mejoras e ir creando formas de lucha y de organización independientes: tales fueron, en un principio, las Comisiones Obreras salidas de las asambleas con facultad para negociar con las empresas y que cuentan con el apoyo de todos los obreros. Al reducirse así los peligros de la represión, las asambleas y las huelgas, que son cosas prohibidas, se imponen como poderosas armas de los trabajadores.

Después de un corto período en que el revisionismo logró desviar de su cauce al movimiento sindical, éste se orienta de nuevo y en todas partes por el justo camino y es nuestro deber orientarlo y dotarlo de la organización que necesita. A este respecto no está de más recordar lo que se decía en BANDERA ROJA nº 17:

“Toda la experiencia del movimiento obrero y de las masas populares en España en los últimos años nos demuestra que es imposible, bajo las condiciones del fascismo, la creación, desarrollo y mantenimiento de organizaciones de masas de tipo sindical, políticas o culturales, más o menos legales y que permitan su incorporación a la lucha activa contra el sistema. En nuestro país sólo es posible crear pequeños grupos, con un funcionamiento simple y clandestino, grupos compuestos por los elementos más avanzados de las masas y que mantengan estrechas relaciones con la organización de los revolucionarios”. La fuente de gran parte de los errores de sectarismo que han venido cometiendo algunas de nuestras organizaciones en su trabajo de masas, se encuentra en no haber tenido en cuenta esta tesis que, desde hace mucho tiempo atrás, hemos mantenido frente a los engaños y las maniobras liquidadoras de los carrillistas y otros oportunistas. Si la ligazón de los sindicatos obreros con su partido dirigente es un principio defendido por el movimiento comunista, válido para todos los países, la necesidad de esa ligazón resalta con particular relieve en España en estos momentos. Está sobradamente demostrado que el movimiento sindical, por sí mismo, no puede dotarse, en las condiciones del fascismo, de la organización capaz de orientarles, dar coherencia, unidad y continuidad a su lucha. Eso sólo es posible hacerlo si el movimiento sindical está estrechamente relacionado con el Partido y acepta su dirección.

El no haber tenido en cuenta estas cosas es lo que ha conducido a cometer numerosos errores en nuestro trabajo. Algunos camaradas propugnaban y estaban tratando de crear organizaciones sindicales estructuradas y regidas por unos estatutos. De ahí el que hayan caído en el sectarismo. No se daban cuenta que no es posible, a menos que prediquemos el reformismo y la conciliación de clases, crear organizaciones de masas muy amplias y estructuradas bajo el fascismo. El resultado era que pocos, muy pocos obreros podían organizarse, aceptar semejante “tingladillo”. De aquí a la liquidación y al reformismo, no hay más que un paso.

Precisamente, ha sido la falta del Partido, que dotara a la clase obrera de la línea y la organización que necesita para conseguir mejoras y poder derrocar al fascismo, lo que ha permitido al capital monopolista tener apuntalado durante algún tiempo su podrido edificio. Los revisionistas han jugado un destacado papel en todo esto. Ellos han desviado a la clase obrera del justo camino, a la vez que liquidaban a su Partido. Jaleados por los altos jerarcas de la Iglesia, por los falangistas y por el patronato, y sirviéndose del prestigio que entre la clase obrera de España tiene el comunismo, los carrillistas consiguieron llevarla a las elecciones y a que eligieran a los “mejores” para exponerlos a los chantajes ya la represión de los fascistas.

Pero de poco les ha servido. Es cierto que eso ha supuesto un retroceso momentáneo. Pero los traidores se hallan hoy completamente desenmascarados y el movimiento vuelve a su verdadero cauce.

No existe ni una sola fábrica importante, ni una sola empresa, donde los enlaces y jurados honrados, aquellos que de verdad quieren servir a su clase, no hayan roto su credencial arrojándola a la cara de los fascistas. Se hacen asambleas, se eligen comisiones de delegados y se forja la solidaridad con salidas a las calles. Este y sólo éste es el camino que debe seguir el movimiento obrero y ya nadie podrá desviarlo.

Sin embargo, las comisiones salidas de las asambleas celebradas en los centros de trabajo con motivo de cada reivindicación, no constituyen en sí mismas formas de organización. Sólo son procedimientos de lucha a que en un momento dado recurren los obreros. Por eso, si de verdad queremos impedir que el movimiento sea nuevamente desviado de su camino, tenemos que ligarnos a los obreros y prestarles toda la ayuda que necesitan, ayudarles en su organización independiente de los patronos, su sindicato, el gobierno y los partidos burgueses. Hemos de ligar estrechamente el Partido con las masas atrayéndonos a sus elementos más avanzados y dándoles todo tipo de tareas. Entre ellas, la de crear la organización sindical en cada fábrica o gremio, una organización simple, lo más amplia y abierta posible para las masas y lo menos accesible para la policía y sus agentes.

Publicado en BANDERA ROJAnº 60-1ª Época, febrero de 1975

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