La clase obrera tiene su propio Partido, su línea política y sus propios métodos de lucha y de organización

24 mayo, 2015 por arenaslibertad

Artículo "La clase obrera tiene su propio Partido, su línea política y 
sus propios métodos de lucha y de organización" 
extraído del libro El fin de la Reforma
PARA DESCARGAR EL LIBRO PINCHA AQUÍ -> EL FIN DE LA REFORMA
El Partido es una realidad que nadie puede ignorar

Camaradas:

El II Congreso del Partido se está celebrando en las más duras condiciones de clandestinidad y en medio de la represión más bestial especialmente dirigida por el fascismo contra nosotros; cuando nuestras renacientes fuerzas comunistas han entrado en combate ocupando su puesto en las primeras filas de la lucha de clases; cuando numerosos militantes de nuestro Partido ya han comprobado las “esencias” de la nueva democracia a la española en los cuartelillos y comisarías, y muchos de ellos pueblan las cárceles del fascismo; cuando todo el Partido está pasando por la dura escuela de la persecución policial y algunos de nuestros camaradas (como José López Ragel, Fausto Peña Moreno y José Vicente Artigues Fornés) han perdido la vida defendiendo la justa causa de la libertad y del progreso. Antes de seguir adelante pido al Congreso que observe un minuto de silencio en memoria de nuestros mártires…

En estas condiciones y de esta manera, en la caldera al rojo vivo de la lucha de clases, es como está forjándose la nueva vanguardia comunista que ha de llevar a la clase obrera de España a la victoria sobre sus enemigos. Hasta hace poco, según los oportunistas, el Partido era “desconocido”, pese a que siempre los hemos desenmascarado públicamente ya que, como es bien sabido, la policía política nunca ha dejado de actuar contra nosotros. Ahora en cambio, en poco tiempo el PCE(r) se ha convertido en el principal objeto de las calumnias de los oportunistas y también en el principal blanco de la represión. Sólo ahora se ha comenzado a hablar abiertamente del Partido. La reacción se ha convencido de que no logrará destruirnos, y es por eso por lo que ha emprendido una vasta campaña de represión y calumnias contra el Partido. Creen que así van a lograr su propósito de aislarnos de las masas. Pero lo único que han conseguido es dejar más claro aún que nuestro joven movimiento comunista ha hecho importantes progresos en todos los terrenos de su actividad y que ha deslindado los campos con el oportunismo. Esta ha sido una gran victoria del Partido. Porque lo verdaderamente sospechoso sería que el gobierno de la burguesía y sus criados no nos atacaran ni intentaran llenarnos de barro; ésa sería la prueba de que habíamos descendido hasta ellos. Por esta razón ha de ser motivo de gran contento el que los enemigos nos ataquen de la manera que lo hacen, y cuanto más furia pongan en su empeño de destruirnos y más intentos hagan por denigrarnos, tanto mejor para nosotros.

¿Cuándo no ha sido atacado el Partido revolucionario por la reacción; cuándo no ha sido acusado por sus enemigos políticos de servir a intereses “extranjeros”, de ser manejado por “fuerzas ocultas” y de otras cosas por el estilo? Hay que fijarse bien en quiénes lanzan tales acusaciones. Esos elementos se parecen al ladrón que, sorprendido cometiendo una fechoría, grita: ¡a ése, a ése! para tratar de despistar a la gente. Son esos señores que tantas acusaciones lanzan a diario contra nosotros, siguiendo el desgastado método burgués de confundir a las masas y de rehuir la confrontación ideológica; son esos mismos señores los que están sirviendo desde hace tiempo a intereses contrarios a las masas, y esto está tan claro para todo el mundo que no hace falta que nos pongamos a dar aquí mayores explicaciones.

Los oportunistas no pueden proceder de otra manera distinta a como lo hacen con respecto al partido revolucionario de la clase obrera. Ellos son gentes sin principios y sin escrúpulos que se han vendido en cuerpo y alma al capitalismo y no reparan en nada para combatir a las fuerzas sanas que, como en otros tiempos hizo el partido encabezado por José Díaz, hoy están dispuestas a darlo todo ya sacrificarse en aras de la libertad del pueblo y del socialismo.

En la lucha resuelta contra el fascismo y contra todos los enemigos de la causa socialista es como vamos aprendiendo, nos fortalecemos y nos armamos más de coraje. La policía ha detenido, sobre todo últimamente, a numerosos militantes del Partido y a otros tantos simpatizantes, al tiempo que toda la carroña oportunista lanzaba sobre nosotros su campaña de injurias. Pero allí donde el Partido ha sufrido golpes o ha sido desarticulado un comité, inmediatamente se ha formado otro. Cuando los polizontes y sus colaboradores socialfascistas han tratado de aislarnos, creando el desconcierto y un ambiente de terror entre los simpatizantes y amigos del Partido, el apoyo de las masas al Partido ha sido aún mayor. En general, se puede decir que no obstante la represión y las medidas extraordinarias de defensa que nos hemos visto obligados a tomar, la actividad del Partido se ha incrementado en todas partes. Esto demuestra que la lucha revolucionaria no nos debilita, sino que nos templa y nos fortalece; demuestra también que nuestro Partido no es, como quisieran algunos, un grupo “reducido”, “sectario” y cerrado en sí mismo, sino una verdadera formación obrera en lucha y en constante desarrollo.

¿Acaso hubiera salido triunfante el PCE(r) de las duras pruebas a que ha sido sometido por el desarrollo impetuoso de la lucha de clases de no haber tenido una justa línea política y no ser verdaderamente el Partido que necesita la clase obrera de España? La experiencia ha demostrado que estábamos en lo cierto cuando, hace dos años, considerábamos que habían sido echadas las bases para la existencia del Partido y proclamamos su Reconstrucción; se ha demostrado que ya habíamos creado las condiciones indispensables para no decepcionar a la clase obrera y para seguir avanzando cumpliendo nuestro cometido. Y ahora no retrocederemos del camino andado por nada del mundo.

El fascismo no ha cambiado,
solo pretende camuflarse

Franco ha desaparecido de la escena política y se ha llevado a cabo la operación “cambio”. El aparente monolitismo del régimen ha tenido que ceder ante los fuertes golpes que le ha ido asestando la lucha de masas y ante la división cada vez mayor de las camarillas y grupos financieros. La oligarquía está poniendo en funcionamiento un sistema político que se parece al de los países capitalistas de Europa occidental, y que no es otra cosa, en realidad, sino una versión renovada de la “democracia orgánica”. El lugar de Franco ha sido ocupado por las instituciones creadas por los fascistas en el curso de los últimos 40 años. Por eso se puede decir que nada esencial ha cambiado. La base económica monopolista del régimen se mantiene intacta, el Ejército que estranguló las conquistas populares sigue en su sitio, los burócratas y los policías son los mismos, incluso más especializados, y detienen y torturan igual que en vida de Franco. Es cierto que han dado algunos retoques, pero en todos los casos, como el de la “desaparición” del movimiento, esos retoques los han hecho para reforzar al mismo Estado fascista y explotador.

Acosado por la lucha de masas, el régimen ha tenido que cambiar de careta, prescindiendo de algunas formas anticuadas de dominación y de todo aquello que ha sido arrollado por el movimiento obrero y popular. Al mismo tiempo, el régimen ha aprovechado la desaparición de Franco para ampliar su base integrando a todos aquellos grupos políticos que desde hace ya bastante tiempo han traicionado a la verdadera democracia y se han distinguido, sobre todo últimamente, en su colaboración con las fuerzas represivas. Es de esta manera como pretenden dar la apariencia de un cambio, permitiendo que sus lacayos actúen con mayor libertad para mantener en pie al régimen y todos los privilegios de la oligarquía financiera.

¿Puede caber alguna duda de que esas llamadas “cámaras parlamentarias”, que están montando los mismos que destruyeron las instituciones democráticas de que se dotó el pueblo, van a jugar distinto papel del que hasta ahora han jugado las Cortes y el Consejo Nacional fascista? Es indudable que con tales “nuevas” instituciones se pretende ocultar la permanencia de aquellas bajo otro nombre. Lo mismo se puede decir del llamado período constituyente que se va a abrir tras la mascarada de las elecciones. En esas cámaras no se va a constituir nada, se va a decir amén a lo que ya está constituido y más que constituido; se va a legalizar al fascismo.

Podemos asegurar que tales mascaradas no darán ningún resultado. El “cambio” se está llevando a cabo de la peor manera posible; de forma que no pueden engañar a nadie. ¡Cuánto mejor hubiera sido para el capitalismo financiero y para todos sus lacayos haber realizado el “cambio” mediante la “ruptura”, como pedían los carrillistas y demás domesticados! Ahora toda esa gente tendría un campo mucho más amplio de actuación y podrían presentar las cosas como si hubiera cambiado algo realmente. Pero no ha sido así. El movimiento popular y revolucionario se lo ha impedido, pese a todos los esfuerzos que han hecho por conciliarlo, por apaciguarlo con promesas o sofocarlo mediante la represión y el terrorismo abierto.

En Grecia y Portugal, para no ir más lejos, se produjo esa llamada “ruptura”, y hoy se habla de que hubo allí hasta una revolución. Los monopolistas pueden continuar así engañando, explotando y oprimiendo a los trabajadores de esos países en nombre de la “democracia” y del “socialismo”. Algo parecido andaban buscando los revisionistas y otros como ellos en España: una maniobra política que no los pusiera más al descubierto en su colaboración con los explotadores y que les permitiera maniatar a las masas, mantenerlas sumisas y engañadas. Las condiciones necesarias para que tal maniobra pudiera ser llevada a cabo eran la conciliación del pueblo con el fascismo y el que los revisionistas tuvieran controlada a la clase obrera llevándola a la legalidad, encuadrándola en el Sindicato policiaco del régimen. Pero ni una sola de estas condiciones han podido cumplir los carrillistas y por eso tienen ahora que conformarse con el triste papel de auxiliadores de la policía y de la Guardia Civil y de sostenedores de la “reforma” hecha directamente desde el Poder.

Carrillo y su reducido grupo pueden ufanarse de haber conseguido la legalidad y presentar este hecho como una victoria, como la mejor prueba de la justeza y la corroboración de su podrida política de conciliación nacional. No podrán ocultar, sin embargo, por mucho que se esfuercen, que la legalización de su grupo es el premio que le han otorgado por todas sus traiciones pasadas, presentes y futuras, y que esa legalización tiene como único fin seguir apoyando a la oligarquía ya su régimen monárquico-fascista contra las masas; a prestar apoyo a una fracción de la gran burguesía en contra de la otra fracción, tal como se ha visto bien claro últimamente. Este es el significado de la “victoria” conseguida por los renegados revisionistas.

Podemos imaginar la que hubieran organizado Carrillo y sus socios de haber tenido algún éxito la operación “ruptura”. A la clase obrera y a todo el pueblo trabajador les hubieran colocado una camisa de fuerza aún más resistente que la que llevan ahora puesta. No se hubiera podido hacer uso de las “libertades” porque los carrillistas lo habrían presentado como una “provocación” contra la “democracia”. Esto lo están haciendo ahora en apoyo del fascismo de una manera descarada. Pero en el otro caso les habría dado mejores resultados. La clase obrera no hubiera podido llevar a cabo huelgas por mejorar sus condiciones de vida ni ningún otro tipo de acciones, porque eso lo hubieran presentado los revisionistas como un intento de la “ultraderecha” y del imperialismo de crear dificultades y llevar a cabo un “golpe de fuerza”. Además, dirían los revisionistas, ¿y la economía “nacional”? y así lo presentarían todo más o menos. Como decimos, aunque la situación política del país no ha cambiado en lo fundamental, los carrillistas están actuando como si hubiera cambiado realmente, porque ésa es su política y ya no tienen otra cosa que hacer. Está muy claro que no era ese el objetivo perseguido por ellos, pero tampoco pueden ya aspirar a otra cosa. Por eso se han desenmascarado totalmente, al comprender que en realidad no tienen ningún margen de maniobra. Hoy aparecen ante los ojos de todo el mundo con sus verdaderos y repulsivos rostros de lacayos.

Nada mejor para el monopolismo que poder dominar, explotar y oprimir a las masas populares haciéndolas creer, como sucede en otros países, que es por su bien o para marchar “hacia el socialismo”. Este es el sueño que siempre han acariciado los monopolistas españoles. Por eso se puede decir que el fracaso de la camarilla carrillista es, ante todo, un fracaso político de la propia oligarquía, a la que queda atada definitivamente. Este fracaso no favorece en nada sus planes de continuar dominando por mucho tiempo.

La clase obrera no va a confundir
quienes son sus enemigos

Sin duda, la oligarquía financiera y los partidos reformistas que le apoyan habían hecho muy mal sus cálculos. Creían poder contener o desviar la lucha revolucionaria de la clase obrera y destruir a la nueva vanguardia comunista y, claro está, la cosa les ha salido mal. La clase obrera no sólo no se ha conciliado con los explotadores, sino que se ha dotado de una nueva vanguardia comunista y está arrastrando a la lucha resuelta contra el fascismo y el monopolismo a todos los sectores populares. En adelante la clase obrera va a seguir actuando de la misma forma, cada vez más consciente y mejor organizada, dirigida por el Partido.

Aunque todavía débil, el Partido ha jugado ya un importante papel en el esclarecimiento de la situación y en el desarrollo de la lucha, papel que se irá incrementando a medida que pase el tiempo. Particularmente en el terreno ideológico la labor del Partido ha sido decisiva. El PCE(r) ha alertado a las masas continuamente sobre las maniobras fraguadas por el capitalismo financiero, haciendo comprender a los trabajadores que del monopolismo y el fascismo no hay marcha atrás a la democracia burguesa, y que si los monopolistas están dando algunos retoques a la fachada de su régimen es porque lo quieren conservar. Al mismo tiempo el Partido ha señalado como el principal objetivo de la reforma fascista la integración de los revisionistas y demás domesticados en el régimen, con el fin de ampliar su base, dar una apariencia de cambio y proseguir, más intensificada que antes, la explotación y la represión sobre el movimiento obrero y popular. La experiencia ha venido a darnos la razón.

Hoy nadie puede negar que ha sido el desarrollo del movimiento de masas, la lucha armada organizada y la labor de esclarecimiento realizada por el Partido lo que ha hecho una y otra vez recular al fascismo, obligándolo a soltar todas sus máscaras. Lo mismo podemos decir con respecto al revisionismo y a los demás grupos oportunistas. El revisionismo no representa más intereses que los del capitalismo financiero, y su actuación está sincronizada con la política que aplica el gran capital en cada momento. La única diferencia consiste en que el revisionismo apoya la represión y la gestión de los monopolios desde otro terreno, desde el seno de la clase obrera y otras capas populares.

Cuando el capitalismo financiero aún no había decidido qué política seguir para “después de Franco”, los carrillistas hacían propaganda y especulaban con las reformas “democráticas”, por ser ésta la política que a ellos les viene mejor para tratar de engañar y camuflar su colaboración con los explotadores. Hablaban de libertades y de “ruptura”, no porque tuvieran la intención de ayudar a las masas a organizarse y para que aprovecharan las conquistas y libertades para seguir avanzando, hasta derrocar el Estado y crear un verdadero sistema de libertad; nada de eso, hablaban de reformas “democráticas” porque esa era la mejor solución para los monopolios y para su propia actuación dentro del sistema imperante. Entonces la crisis económica y política no se había agravado hasta los extremos de hoy y los carrillistas podían permitirse, desde la “semilegalidad”, hacer llamadas a la “lucha”, siempre que estas luchas no rebasaran determinados marcos y pudieran ser controladas por ellos. Pero la clase obrera ha ido siempre mucho más lejos de donde quería contenerla el revisionismo; ha ido radicalizándose, ha ido organizándose cada día mejor, y hoy arrastra tras de sí a otros numerosos sectores de la población. En estas condiciones de descontrol sobre el movimiento obrero y popular, de radicalización y mayor organización, de agravación de la crisis política y económica del régimen, la oligarquía no podía correr la “aventura” que suponía la “ruptura”, y por eso se ha decidido, finalmente, por la política de “reforma” que para ella representa el menor riesgo.

Los resultados de esta política ya los estamos viendo; no consiguen engañar a nadie y ha terminado de arruinar al revisionismo y a los demás grupos afines. La actuación del revisionismo en los últimos meses no es independiente de este problema que se les ha presentado. Los carrillistas son muy conscientes del papel que tienen encomendado y por eso, desde el momento mismo en que la oligarquía financiera dejó bien sentado que no tomaría otro camino en la reforma, se han dedicado a sabotear abiertamente el movimiento de masas, pues este movimiento se enfrenta de manera clara y decidida a todo el sistema y pone al descubierto a los revisionistas en su colaboración con los peores enemigos de la libertad.

Así pues, siguiendo la vieja táctica de la socialdemocracia, los carrillistas se están dedicando a desmovilizar a las masas obreras y populares frente a las arremetidas furiosas de la reacción y a calificar como “provocación” cada una de las acciones del movimiento popular y revolucionario. Eso no debe extrañarnos en absoluto, ya que es la política que siempre ha practicado el revisionismo en los períodos de crisis política como los que vivimos en nuestro país, para ayudar a salir al capitalismo financiero del atolladero en que se encuentra. El revisionismo allanó el camino a la sublevación fascista desorganizando, desarmando y desmoralizando a las masas, y hoy quiere realizar la misma hazaña para perpetuarlo, sólo que no encuentra condiciones para ello. El problema es que los fascistas se encuentran en el Poder desde hace mucho tiempo y las masas han emprendido el camino de la lucha para derribarlo. Por eso, no hace falta insistir en que, hagan lo que hagan, todas las tentativas de mantener por mucho tiempo al fascismo en el poder, de enturbiar la mente de las gentes, de paralizarlas o hacerlas tomar un camino equivocado, están condenadas al fracaso desde el comienzo.

De nada les va a servir a los monopolistas y a sus lacayos levantar el espantajo de la ultraderecha o del golpe militar para granjear un apoyo de masas a los gobiernos turnantes. Las masas saben muy bien que la ultraderecha son los mismos que gobiernan y que el Ejército no está para otra cosa que para apoyar a esa misma ultraderecha gobernante. Por este mismo motivo, la clase obrera no hará diferenciación alguna entre los distintos grupos monopolistas, no se va a convertir en el apéndice de ninguno de esos grupos ni va a caer en la trampa de combatir, como a los principales enemigos, a las bandas de provocadores y asesinos que  pagan y manejan los del Gobierno para situarse en el “centro” y eludir así los golpes revolucionarios. Esos son trucos muy gastados que no van a librar al capitalismo monopolista ni al fascismo de la sentencia que ya ha dictado la historia contra ellos.

El fracaso reformista ha dejado más
claro los objetivos populares

Una vez que ha fracasado la política reformista, los objetivos populares aparecen hoy más claros que nunca. Estos objetivos no pueden ser otros más que la destrucción del Estado fascista, la nacionalización de los medios fundamentales de producción y la creación de un nuevo tipo de Estado democrático. Nuestro Partido, el Partido revolucionario de la clase obrera, no propugna la restauración de la República del 31, ni los Estatutos de Autonomía para las nacionalidades, ni la república federal, ni nada parecido, porque todo eso no hace sino escamotear los problemas principales (como son la existencia del monopolismo y la opresión nacional en España) así como el anhelo de algunos sectores pequeño-burgueses de hacer marchar a nuestro país para atrás, a la República democrático-burguesa.

Como se comprenderá fácilmente, España ya ha pasado esa etapa histórica (la etapa de la revolución democrático-burguesa); la misma oligarquía financiera y terrateniente la ha realizado a su manera y sin soltar por un momento las riendas del Poder. Por la misma razón se puede decir que, llegado el momento, la oligarquía podría acceder a la república sin que ello supusiera ningún quebranto para su sistema de dominación, tal como ha sucedido en otros países. Por eso nosotros no sólo hablamos de la república, sino también de la destrucción del fascismo desde su raíz, desde su base económica, y de la creación de un nuevo tipo de Estado democrático.

¿Quiere esto decir que no vamos a luchar por la creación de un sistema político republicano? La clase obrera va a luchar por la república, pero no por una república cualquiera, sino por la república de los trabajadores, por una república que surja sobre la base de la destrucción del sistema burgués, la cual será muy superior a la que propugnan los pequeños y los grandes burgueses. La clase obrera no puede defender, sin más, la consigna de la república, ni la de la autonomía, ni la de la federación, porque todas esas consignas suponen conservar, un poco retocado, el actual estado de cosas. No puede tampoco hacer suya la consigna de independencia de las nacionalidades que propugnan algunos sectores nacionalistas pequeño-burgueses, y esto es tanto más inadmisible para nosotros por cuanto de esa manera se introduce una división en la clase obrera, según su nacionalidad, en un momento en que es más necesaria que nunca su unidad para combatir y derrotar a los enemigos que la explotan y la oprimen.

Sin la unidad de la clase obrera no se puede destruir al fascismo, y si no se destruye al fascismo no se podrá alcanzar ninguno de los objetivos políticos, económicos y culturales de la revolución. Respecto al problema nacional, nuestra consigna es la del derecho a la autodeterminación, y no hace falta romperse mucho la cabeza para comprender que, sólo cuando haya sido derrocado el fascismo, será cuando los pueblos se hallarán libres para decidir su propio destino. Nosotros tenemos confianza en que los pueblos de las nacionalidades oprimidas por el Estado español sabrán hacer uso de sus derechos.

No es una casualidad el que la mayor parte de los grupos políticos pequeño-burgueses hayan coincidido en celebrar las fechas conmemorativas de la República del 14 de abril de 1931, ocultando a las masas lo que representaba realmente aquella República. No es tampoco una casualidad el que todos los grupos pequeño-burgueses hayan olvidado a la República del 16 de febrero de 1936, aquella República que dio la libertad al pueblo y contra la cual se sublevó el Ejército y la reacción fascista; aquella República por la que dieron su vida cientos de miles de obreros, de campesinos y tantos verdaderos republicanos y patriotas. ¿Cómo se puede hacer borrón y cuenta nueva de la experiencia histórica y pretender saltar por encima, hacia atrás de toda una etapa de la evolución de nuestra sociedad?

La clase obrera de España, junto a los campesinos, los sectores populares de las nacionalidades y las otras capas populares lucharon contra la monarquía, pero también se opusieron a aquella República oligárquico-burguesa nacida del chanchullo de San Sebastián, no cesando en sus luchas hasta llegar a crear una verdadera República popular, contraria, tanto a la monarquía como a la República fundada sobre la base de la explotación de las masas y la opresión de las nacionalidades. ¿Acaso podemos volver ahora a aquella República?

Las experiencias no pasan en balde y por eso podemos asegurar que todo intento de llevar a las masas por caminos sin salida están condenados al fracaso. En otro tiempo, la política republicana de la pequeña burguesía fue progresista y contó con las simpatías y el apoyo de amplios sectores de la población, incluida la clase obrera. Ahora en cambio, esa misma política, independientemente de la buena voluntad que puedan albergar algunas personas, es reaccionaria de cabo a rabo y su predicación sólo puede favorecer a la gran burguesía.

Nosotros tenemos el deber de denunciar la política pequeño-burguesa y de desenmascarar a los políticos burgueses. La lucha revolucionaria por la destrucción del Estado fascista monopolista y la realización de los objetivos populares, es inseparable de la lucha contra los vendidos revisionistas y contra las pretensiones de los políticos pequeño-burgueses. Sin desenmascarar a estos individuos, sin arrinconarlos, es imposible que se pueda desarrollar la lucha obrera y popular. Estos elementos son el principal obstáculo con que nos encontramos en el camino de la organización de las masas para luchar contra el fascismo, y por eso tenemos que apartarlos de todas las maneras posibles: con la denuncia política, con la lucha ideológica, y también, si es preciso, asestándoles golpes cuando se pongan enfrente de nosotros. No hay que andar con ningún miramiento con esta gente. Su papel es el de confundir y dividir a las masas, el de sofocar la lucha independiente y el de traicionar a los verdaderos demócratas y revolucionarios. De esto tenemos suficientes testimonios.

Hay que tener en cuenta que no todos los grupos pequeño-burgueses (sobre todo en las nacionalidades) pueden ser considerados enemigos de la democracia y del socialismo. Los que luchan contra el Estado fascista con las armas en la mano, aunque estén equivocados o persigan objetivos diferentes a los de la clase obrera, a ésos los consideramos como amigos y pueden llegar a ser nuestros aliados. La actitud que adoptemos con estos luchadores es de gran importancia con vistas al combate contra el enemigo común y para la creación de un sistema político de verdadera libertad para todos los pueblos. Nuestro deber es atraerlos, pero para eso no basta con arengarles acerca de lo que deben o no deben hacer, sino que tenemos que marchar hombro con hombro con ellos y hacerles comprender así, en el curso de la lucha, cuáles son sus errores.

Así pues, la única táctica justa que debe aplicar el proletariado es aquella que tienda a golpear a los principales enemigos, a desenmascarar a los vendidos revisionistas, a aislar a los grupos políticos burgueses y pequeño-burgueses, que sabotean la lucha revolucionaria, y procurar atraer a la lucha resuelta y organizada a los campesinos, a los sectores populares de las nacionalidades, a los pequeños propietarios, a los estudiantes, a los intelectuales demócratas y progresistas y a todas aquellas personas sin partido, honestas y demócratas de verdad, que estén dispuestas a hacer su contribución a la causa popular.

No estableceremos alianzas en ningún momento con la oligarquía financiera ni con los partidos socialfascistas y, en todo caso, la posición que adoptemos con los partidos y grupos pequeño-burgueses dependerá del desarrollo de los acontecimientos futuros. Los que estén dispuestos a luchar consecuentemente contra el fascismo, los que traduzcan sus “radicales” programas en hechos y adopten una posición justa ante la clase obrera, nosotros les tenderemos la mano e incluso no dudaremos en hacerles algunas concesiones. Pero en ningún caso vamos a esperar a concertar acuerdos con nadie para desarrollar la lucha, no renegaremos de nuestros principios ni de los objetivos socialistas de nuestra revolución, ni nos entregaremos al chalaneo de grupos a espaldas de los trabajadores.

El Movimiento de Resistencia toma
formas políticas mucho más definidas

El oportunismo está empeñado en hacer creer a la gente que si no se encuadra en las organizaciones legales y actúa dentro de la legalidad es imposible la “democracia”, y que sin esa democracia jamás se podrá realizar el socialismo. ¿Pero qué nos enseña la experiencia de la lucha de clases de nuestro país? La experiencia nos demuestra que sin legalidad, o más bien fuera de la legalidad, en oposición a esta legalidad y a todas las instituciones fascistas, se ha desarrollado el movimiento obrero y popular hasta un punto inigualable en ningún otro país de los llamados “democráticos”. ¿Nos van a ir mejor las cosas dentro de la legalidad “democrática” que nos están preparando? Los oportunistas aseguran que si. Y habría que darles la razón si se tratara de una verdadera democracia. Pero aquí no se trata de una democracia, tal como hemos demostrado, sino de un intento de camuflar al fascismo con el objetivo de hacer entrar a las masas y a sus organizaciones de vanguardia en la legalidad para controlarlas y reprimirlas mejor, para poder así apretar más fuertemente la soga de la explotación.

El interés de la clase obrera está, no en fortalecer esa legalidad y esas instituciones creadas por los mismos fascistas, sino en aislarlas al máximo; y para eso, ni siquiera puede plantearse su utilización, pues tienen un carácter tan reaccionario, es tal el control que ejerce sobre ellas la oligarquía a través de su policía y de las mafias políticas y sindicales, que sólo a los deseosos de hacer carrera se les puede ocurrir entrar en ellas. La clase obrera, que padece más que nadie las consecuencias de la crisis económica y que es victima de la mayor represión, hace tiempo que ha comprendido que no tiene nada que hacer dentro de la legalidad ni en las instituciones creadas por los monopolistas y que sólo a ellos sirven.

La clase obrera de España ha tomado el camino de la lucha resuelta y va adoptando formas de organización que le permitan defender sus intereses en abierta oposición a las instituciones y leyes vigentes. Y tras la clase obrera han comenzado a marchar otros numerosos sectores populares, que siguen su ejemplo, llegándose a configurar así un vasto movimiento antifascista y antimonopolista que abarca a todo el país. Las características principales de este movimiento son: por un lado, su gran radicalización e independencia y, por otro, su falta de organización; pues el fascismo (que es quien lo ha generado) prohíbe y reprime toda forma de organización y de lucha independiente de las masas, pero no logra paralizarla ni controlarla, sino que la hace más extensa, radical y política; de lo que resulta una original combinación de la lucha económica y de la lucha política que apunta directamente contra el Estado de los monopolios.

La celebración de asambleas, la elección de comisiones de delegados, la formación de piquetes y las manifestaciones violentas en las calles se han llegado a convertir en un poderoso movimiento de resistencia popular, que al carecer de formas especificas de organización, no puede derrumbar al fascismo y tiende a prolongarse adoptando nuevas y más elevadas formas de defensa y de ataque a medida que se agrava la crisis económica y se acentúa la represión.

Ha sido este movimiento de resistencia, que abarca cada día a sectores más numerosos de la población, el que una y otra vez ha hecho recular al fascismo, obligándolo a derogar los juicios sumadísimos y los tribunales especiales militares, le ha arrancado de las manos a numerosos presos políticos, ha tirado por tierra las campañas terroristas y las mascaradas electorales del gobierno; ha arrinconado completamente a los sindicatos oficiales y agudizado al máximo las contradicciones internas del régimen. Como decimos, todas éstas han sido claras victorias del movimiento de resistencia popular, en el que nuestro Partido ha comenzado a jugar un importante papel.

De ahora en adelante, este movimiento va a desarrollarse tomando formas políticas mucho más definidas y mejor organizadas, y sin entrar en el juego de los partidos oligárquicos y reformistas burgueses, sin dejarse coger en la trampa de la legalidad fascista. A tal fin el Partido tiene que prestarle mucha más atención, orientándolo y desarrollándolo en todas partes. Ya hemos visto que la principal dificultad a que se enfrenta este movimiento es su falta de organización. Pues bien, en la solución de este problema el Partido tiene un importante papel que jugar. En ese sentido, nuestra misión no consiste en inventar cosas nuevas, en crear montajes artificiales, desligados de la realidad y del movimiento de masas, sino en analizar y sintetizar las experiencias de las luchas de las masas, en desarrollar todo lo que sirva al objetivo de la conquista de la libertad y a la revolución socialista y que ya está produciéndose en la vida misma. Con este propósito, y ateniéndose a este principio, el Partido ha comenzado a trabajar junto a otros antifascistas (que han comprendido la naturaleza del problema que el movimiento popular tiene planteado) para crear organizaciones de carácter político lo más amplias y abiertas posible y que respondan a las necesidades de las masas. Sin duda, estas organizaciones llegarán a encuadrar a las mujeres y hombres más avanzados de nuestro pueblo y ganarán el apoyo de las amplias masas.

Tales organizaciones, que ya están surgiendo, no son el resultado de los acuerdos por arriba de determinados grupos o dirigentes políticos, sino que aparecen de la necesidad que tienen las mismas masas de unirse para resistir mejor las arremetidas del capital y para proseguir con éxito la lucha. Si se tiene en cuenta, como se desprende de lo anteriormente dicho, que el desarrollo de la revolución en España va a resultar un proceso prolongado (por las mismas condiciones políticas imperantes y las dificultades que encuentran los trabajadores para organizarse); si no se pierde de vista que el principal método de lucha de nuestra revolución reviste la forma de una combinación de las huelgas económicas y políticas de masas con las acciones de los destacamentos armados (que aparecen cada vez más numerosos y mejor preparados como respuesta a las medidas represivas y al terror programado desde las altas esferas del régimen); si se tiene en cuenta todo esto se verá con claridad que las organizaciones políticas de las masas son posibles y necesarias y que supondrán una sólida base para el desarrollo de la lucha y de todo el movimiento.

En su día, estas organizaciones formarán el frente político de las amplias masas populares dirigido por la clase obrera, el cual, una vez derrocado el fascismo, sustituirá en todas partes al aparato burocrático y militar monopolista.

En este momento no se pueden prever todas las formas que puedan tomar las organizaciones políticas de las masas en los distintos sectores populares, ni pueden precisarse tampoco como llegará a constituirse el movimiento político organizado que se precisa. Esas son cosas que sólo el tiempo y la experiencia nos irán señalando. Además, hay que contar también con la posible incorporación al movimiento de resistencia popular de fuerzas y organizaciones que están actuando por su cuenta y, en otros casos, de fracciones desgajadas de las que hoy siguen atadas al carro de la política reformista del gobierno. El movimiento popular puede experimentar cambios imposibles de prever en estos momentos. No obstante, sus características generales más importantes ya han sido apuntadas, y en esa dirección hemos empezado a trabajar.

Repetimos que no se trata de una creación artificial de tal o cual partido, sino de formas de organización política que van creando las masas, sus elementos más avanzados, con la ayuda y el apoyo del Partido y en el mismo curso de la lucha. Cuanto más amplio y radical sea el movimiento de masas, más ampliamente habrán de desarrollarse esas organizaciones y, por tanto, más necesidad tendrán de la ayuda y el apoyo del Partido. Eso no las debilitará, sino que, por el contrario, las hará mucho más fuertes y reforzará su independencia y su carácter democrático y abierto.

En nuestras condiciones, ni la clase obrera ni ningún sector popular puede aspirar a organizarse de manera independiente del control de los monopolios ni podrá hacer una defensa consecuente de sus verdaderos intereses en la legalidad fascista y pacíficamente. No va a ser en la legalidad y haciendo una concesión tras otra al monopolismo como podrá avanzar el movimiento popular y alcanzar sus objetivos. Aquí todo está pensado y hecho para reforzar la explotación y el régimen de opresión sobre las masas y, como es lógico, la oligarquía financiera no va a dejar que se le escapen las cosas de las manos por las buenas. Esto lo van comprendiendo cada vez mejor las amplias masas populares. Por los mismos motivos, por mucho que se empeñen los oportunistas en resucitar el cadáver de la “democracia” burguesa y en conducir a los obreros por el camino trillado del parlamentarismo, el sindicato amarillo y la legalidad, no conseguirán nada, porque esos caminos no conducen a ninguna parte; sólo tienden a fortalecer al régimen y a entorpecer cada vez más claramente al movimiento político independiente de las amplias masas. Nosotros debemos saber aprovechar las organizaciones legales que están creando los oportunistas y toda posibilidad de trabajo legal; nunca nos hemos opuesto ni hemos dicho nada contrario a eso, pero son tan escasas esas posibilidades en las condiciones del fascismo y han llegado a tomar un carácter tan reaccionario las organizaciones montadas por el oportunismo en colaboración con el régimen, que el trabajo que podemos realizar en ellas es mínimo en relación a la labor que tendremos que llevar a cabo entre las amplias masas, las cuales se mantienen al margen y enfrentadas a todo el orden político vigente.

El Partido ha de estrechar
sus lazos con la clase obrera

Hace ya bastante tiempo que el Partido señaló el nuevo carácter que ha tomado en España el movimiento sindical de la clase obrera y puso al descubierto todas las falsedades, los tejemanejes y las trampas que vienen utilizando el revisionismo carrillista, los grupos controlados por la Iglesia y las demás organizaciones reformistas al servicio de los monopolios, para desviar al movimiento obrero de su justo cauce.

Ahora, cuando toda esa gente ha fracasado en sus tentativas de conducir a los obreros al Sindicato fascista, y toda vez que éste ha sido desmantelado por el poderoso movimiento de asambleas y de comisiones de delegados que se desarrolla en todas partes, el oportunismo está ensayando maniobras parecidas a las que puso en práctica al comenzar la década de los años 60 con la invención de sus famosas “CCOO”. Se trata del sinnúmero de “centrales” sindicales y de sindicatillos “unitarios”, supuestamente independientes y democráticos, que cada uno de estos grupos ha fabricado con la ayuda de sus amos respectivos y de la policía política. Podemos asegurar que tampoco esta vez van a conseguir gran cosa, pues no sólo se encuentran mucho más divididos y desenmascarados, y su punto de apoyo (la organización sindical fascista) deshecho, sino que ahora tendrán que vérselas con el Partido, que no les va a permitir, como es lógico, que engañen ni que se suban a las espaldas de los trabajadores.

El Partido tiene que denunciar sistemáticamente todas las patrañas de la oligarquía y de sus agentes emboscados en las filas obreras, y fomentar en todas partes el movimiento de comisiones de delegados elegidos en las asambleas. Hay que tener en cuenta que uno de los rasgos más característicos de este movimiento es su falta de organización. La clase obrera, debido al régimen de terror imperante en el país, ha recurrido a las asambleas y a las comisiones de delegados, sobre las que al gobierno y la patronal les es más difícil emplear la represión, o las emplean muy débilmente, por carecer de reglamentación alguna y de carácter permanente. Tales comisiones de delegados, más que una organización, son un procedimiento de lucha, una prolongación o apéndice de las asambleas, que aparecen y desaparecen con las mismas asambleas que las elige y las apoya para una gestión determinada. De estas comisiones no se puede hacer un organismo permanente, como han intentado los revisionistas, porque eso supone la eliminación del movimiento y conduce directamente a hacer de ellas un sindicatillo que, en las condiciones de nuestro país, sólo puede mantenerse en pie a condición de colaborar con el fascismo y la patronal y oponerse a la lucha e intereses de los obreros.

Nosotros debemos oponernos a todo lo que tienda a desvirtuar el carácter de este movimiento; debemos hacer que éste conserve todas sus formas, como expresión libre y eficaz de la resistencia obrera. Ahora bien, para eso es absolutamente necesario que el movimiento sindical se vaya dotando de un tipo de organización que asegure su continuidad y sus lazos con el Partido. Este tipo de organización, (que desde tiempo atrás viene propugnando nuestro Partido) la forman pequeños círculos de los obreros más conscientes y avanzados de cada fábrica o lugar de trabajo, y ellas pueden realizar perfectamente, con ayuda del Partido, la función de un sindicato. En España sólo pueden existir esos pequeños grupos organizados y clandestinos ligados al Partido, una “organización sin miembros” (como la denominaba Lenin). Pero para eso es imprescindible que el Partido esté presente y sea creado en todas partes.

El gran capital y el fascismo no van a permitir en España la existencia legal de una organización obrera que luche por sus verdaderos intereses. El fascismo se impuso en nuestro país destrozando las organizaciones y los partidos obreros, asesinando a sus verdaderos dirigentes, y su mantenimiento en el Poder ha dependido y continúa dependiendo de la represión constante sobre todas las formas de organización independientes de la clase obrera. Por todos estos motivos, contrariamente a lo que sucede en otros países, la clase obrera de España se ha mantenido al margen de los sindicatos oficiales y de todos los demás montajes creados por los oportunistas. En adelante va a continuar haciendo el vacío a tales organizaciones, de esto no debe cabernos ninguna duda, pero sólo podrán avanzar, dar nuevos y más decisivos pasos adelante, a condición de que el Partido estreche sus lazos con el movimiento sindical a través de los obreros más avanzados y promueva en todas partes las asambleas y las comisiones de delegados elegidos democráticamente y revocables por ellas; a condición de que prestemos más atención a la lucha por la obtención de mejoras económicas, que fomentemos la solidaridad con los despedidos y los represaliados, etc.

Está demostrado que si el movimiento sindical de los obreros no estrecha sus relaciones con el Partido, y si el Partido no procura organizar y dirigir la lucha sindical, la burguesía, utilizando mil maneras engañosas, puede llegar a dividirlo ya maniatarlo para que se perpetúe la explotación. Por eso, en todas partes, pero principalmente en las grandes fábricas, debe ser creado el Partido y éste tiene que prestar continuamente atención a los problemas y reivindicaciones inmediatas de los obreros. Una vez creada la organización del Partido, los camaradas deben rodearse de los obreros más avanzados y ganar el apoyo y la simpatía de todos los compañeros llevando a cabo entre ellos una labor paciente de propaganda y organización. Sólo de esta manera, la clase obrera podrá jugar el papel que le corresponde como principal fuerza y como clase dirigente de nuestra revolución.

El trabajo por la edificación
del Partido no ha terminado

El Partido se está desarrollando sin grandes saltos adelante, pero también sin retrocesos. En general puede considerarse lento el desarrollo que sigue el Partido, no obstante estar éste aplicando una línea general justa y unos métodos de trabajo acordes con ella. Claro está que ello no nos inmuniza contra las faltas y los errores. Más, ¿puede atribuirse a los errores ese desarrollo lento del Partido? Resultaría muy fácil, y más que fácil peligroso, hacer tal afirmación, pues de esa manera, en lugar de buscar las causas reales que condicionan el desarrollo y la vida interna del Partido para armar ideológicamente a los camaradas, se les inculca ideas extrañas, que no se corresponden a la realidad, y lejos de corregir los errores se cometen otros aún mayores.

Nosotros tenemos un método para prevenir y corregir los errores, que no falla nunca. Ese método es el de la crítica y la autocrítica. La crítica y la autocrítica no son un adorno para lucir en algunas señaladas ocasiones, sino que han de convertirse en un instrumento imprescindible para el trabajo diario de todo revolucionario. Precisamente porque siempre nos mantenemos vigilantes y no permitimos que se acumulen errores y faltas en el Partido, es por lo que siempre hemos salido triunfantes en las situaciones más difíciles y nuestra unidad se fortalece cada día.

No se pueden buscar las causas del desarrollo lento del Partido, del retraso del movimiento obrero organizado con respecto al movimiento espontáneo de masas, dentro del propio Partido, sino fuera de él; esas causas hay que buscarlas en las condiciones en que nos desenvolvemos, en la existencia del fascismo, en la labor sistemática de liquidación que viene haciendo el revisionismo y los demás grupos oportunistas, en la compleja situación internacional, en la misma juventud del Partido (tomando esto último como un dato objetivo). La misma lucha ideológica que tiene lugar en el seno del Partido en relación a este problema, es un fiel reflejo de esa realidad externa a él. Quien no enfoque el problema desde este punto de vista, se orientará mal y sólo puede cometer gravísimos errores.

Camaradas, acabamos de echar las bases de la existencia del Partido, aún no hemos terminado su Reconstrucción. Es una equivocación suponer  otra  cosa,  y  eso  ya  quedó  bien claro en el Informe presentado al I Congreso. El trabajo por la edificación del Partido no ha terminado, sino que es ahora cuando empieza realmente. Este trabajo va a resultar largo y muy difícil: va a exigirnos muchos sacrificios y una gran tenacidad; que nadie se lleve a engaño.

Las masas obreras y populares de España se encuentran a la vanguardia de la lucha contra el fascismo y el imperialismo en Europa, se enfrentan diariamente a la explotación monopolista y a su régimen de terror, llegando muy frecuentemente a enfrentamientos violentos con las fuerzas represivas. Esto augura un brillante porvenir a nuestro Partido y a la revolución en España. Pero en estos momentos, para militar en el Partido o mantener una forma de relación con él, se requiere una alta conciencia política que muy pocos obreros poseen y que sólo el Partido puede darles. ¿¡Y cómo puede hacerlo, si acabamos de nacer!? Para resolver este problema de nada sirve la impaciencia; eso es algo que sólo con el paso del tiempo, con el trabajo duro y abnegado de todos los militantes del Partido podrá ser resuelto. Durante un largo período vamos a tener que sembrar, como decía Lenin, en “pequeños tiestos”; ¡dejemos que los oportunistas siembren la cizaña, que se atribuyan el título de comunistas y se dediquen a difundirlo por todas partes! Sabemos muy bien que no van a conseguir nada, si persistimos en nuestro trabajo y los denunciamos como lo que realmente son: unos farsantes, agentes de la burguesía. Al final, la clase obrera estará con nosotros y nos apoyará en todas partes, porque sólo el Partido abre una verdadera salida a su situación y se prepara para conducirla por ella hacia la nueva vida. Así que estemos tranquilos. Los revisionistas y los clericales, se vistan con los ropajes que se vistan, no van a quitarnos el gran honor de encabezar a las masas en su lucha revolucionaria.

Por lo demás, hay que tener bien presente que el desarrollo lento del Partido, las numerosas dificultades, los problemas, y los peligros que tenemos que afrontar a cada paso, es la mejor barrera que puede oponerse al arribismo y al oportunismo en nuestras propias filas. Pocos oportunistas, aventureros o gentes con ánimos de hacer carrera han entrado en el Partido; y los pocos que llegaron a entrar por equivocación no estuvieron con nosotros durante mucho tiempo. Y es que en el Partido no se reparten honores ni prebendas; en él se entra a trabajar duro y a sacrificar la vida, si es necesario, por la libertad del pueblo y el socialismo.

El Partido se ha creado y está desarrollándose en este espíritu, en las duras condiciones de la clandestinidad y asumiendo todas sus responsabilidades. A corto plazo, no hay que esperar un cambio en la situación que haga más cómoda o más fácil nuestra labor. Esperar tal cosa sólo puede crear falsas ilusiones, relajar el espíritu revolucionario en nuestras filas y conducir a la liquidación del Partido.

El marxismo-leninismo nos enseña que aún en las mejores condiciones de la libertad burguesa, el Partido revolucionario de la clase obrera ha de mantener su espíritu revolucionario en alto y su aparato político en la clandestinidad; cuanto más hay que hacer esto en las condiciones del fascismo en que nos vemos obligados a trabajar. Nosotros desearíamos disponer de una mayor libertad de movimientos, pues eso facilitaría enormemente nuestra labor. Pero la legalidad no es una cosa que se mendigue al capitalismo, sino que se conquista en la lucha más resuelta y llevando a cabo la revolución. Los que aspiran a la legalidad y lloriquean a cada paso para que les sea concedida, es porque no se proponen hacer frente al Estado burgués ni mucho menos destruirlo al frente de las masas. Lo que han hecho y continúan haciendo los carrillistas a este respecto es aleccionador: liquidaron el Partido y ahora tratan de sofocar toda forma de lucha y organización independiente de las masas para estar a bien con sus amos monopolistas. El mismo destino les está reservado a los que plantean la cuestión de la libertad y del desarrollo del movimiento organizado de la clase obrera al margen de las condiciones reales y de la lucha más consecuente contra el fascismo y el monopolismo.

El Partido debe aprovechar todas las posibilidades de trabajo legal; esto hemos de hacerlo, no para sacar a la luz a los militantes y cuadros del Partido, no para liquidar a la organización revolucionaria de la clase obrera, para relajar su espíritu y arrinconar los métodos de organización y de lucha revolucionaria; debemos aprovechar todas las posibilidades de trabajo legal para reforzar la clandestinidad y el aparato político del Partido, para elevar en todo momento su espíritu revolucionario, para llevar a cabo acciones revolucionarias y atraer a nuestras filas a los hombres y mujeres más avanzados. Para todo eso necesitamos aprovechar las posibilidades de trabajo legal, aunque bien es verdad que esas posibilidades, como hemos visto a lo largo de este informe, son tan escasas en nuestro país que apenas merecen que nos detengamos en ellas.

(Del informe político presentado
al II Congreso del Partido
por el camarada Arenas)

Publicado en BANDERA ROJA
2ª época-año III- nº 25, julio de 1977

Anuncios

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: