Una gran fiesta

20 julio, 2015 por arenaslibertad

Artículo "Una gran fiesta" 
extraído del libro El fin de la Reforma
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(RESURGE EL MOVIMIENTO OBRERO EN MADRID)

Un ambiente de fiesta se respira en todo Madrid, particularmente en los barrios obreros: la lucha en gran escala, más unida y mejor organizada que otras veces, ha comenzado en contra de la congelación (reducción de hecho) de los salarios, contra los despidos y las trampas de la CNS. Standard, CASA, Intelsa…, prácticamente en todas las grandes y medianas industrias, los obreros han realizado durante varios días huelgas, ritmos lentos, y otros tipos de acciones en defensa de sus justas reivindicaciones. En el sector de la construcción, coincidiendo por primera vez en muchos años con el Metal, numerosas obras y tajos han parado, organizándose en algunos casos combativas manifestaciones. En la mayor parte de las fábricas, las huelgas o el ritmo lento, han ido precedidas de la celebración de asambleas masivas, en las que se discuten los problemas, se acuerdan las plataformas reivindicativas y se forja la unidad.

De las asambleas han salido elegidos en muchos lugares comisiones de delegados para ir a negociar directamente con la patronal. La CNS, ese instrumento de los explotadores, ha sido arrinconada. Ha habido empresas donde, ante la decisión y audacia de los obreros frente a las intransigencias de los patrones, los jurados han dimitido, quedando bien demostrado que sin ellos la lucha prosigue con más firmeza, la unidad se fortalece, la organización independiente se desarrolla. En algunas zonas, adelantándose al desalojo por la policía o la Guardia Civil, los obreros han formado piquetes de autodefensa para buscar la solidaridad y extender la lucha a otros lugares. Los chivatos y esquiroles han comenzado a recibir su merecido.

Los obreros de Madrid, como los del resto de España, han comprendido que sólo de esa forma se pueden arrancar mejoras, hacer recular al gobierno, fortalecer la organización y extender la solidaridad. Otra cosa es el legalismo fascista, que no permite mover ni un solo dedo sin permiso de las empresas y de la policía. Este mismo legalismo, preconizado por los líderes carrillistas y sus comisiones obreras, es el que ha mantenido durante mucho tiempo al movimiento obrero en Madrid completamente desconcertado, dividido y desmoralizado. Pero esas comisiones manejadas por los revisionistas hace algún tiempo que han desaparecido en su mayor parte. Los jefecillos se hallan integrados en el sindicato fascista y el reciente movimiento, que indudablemente no esperaban, los ha puesto al descubierto en su colaboracionismo. El partido carrillista, que había entablado negociaciones para ver si les concede el gobierno un mayor margen de maniobra en las filas obreras, ha tenido que eludir toda responsabilidad por estas luchas que se salen de los marcos legales. Naturalmente que un movimiento de este tipo no lo tenían previsto, y rompe todos los planes políticos y económicos de la oligarquía. ¿Qué hacer ahora?

La clase obrera aprende con gran facilidad, y ya nada podrá contener ni desviar su movimiento independiente. A tal fin, la Organización Local de Madrid de nuestro Partido está desplegando una magnífica y enérgica labor. En todos los lugares donde se encuentran nuestros camaradas no falta la hoja con las reivindicaciones de los trabajadores. En fábricas, obras y barrios obreros está presente nuestro Partido, orientando y organizando la lucha en la medida de sus fuerzas, alentando a los obreros a seguir por el camino justo, aprendiendo de ellos, asimilando las experiencias de las luchas.

No falta, sin embargo, quienes se atribuyen (como siempre) los éxitos conseguidos. No hay por eso que desesperar. La burguesía no se va a quedar con los brazos cruzados, no va a dejar la lengua quieta. Bastará con que se analice el camino que siguen los obreros, sus métodos de lucha, y los que preconizan esta gentuza: “participación” en el sindicato de los patronos y el gobierno, peticiones lacrimosas a las empresas, rechazo de todo acto verdaderamente independiente y democrático de las masas, supeditación de los obreros a los jurados, conciliación, anulación de la línea de lucha de clases.

¿¡Tiene todo eso algo que ver con la práctica real del movimiento de masas!? Una vez más se ha demostrado que el movimiento sindical de la clase obrera en España se orienta no sólo por otro camino, sino también, y sobre todo, en contra del que propugnan los reformistas. No puede suceder de otra forma en las condiciones del fascismo. La vida triunfa por encima de todo.

Otra cosa es la politiquería que esos reformistas pretenden hacer a costa de los trabajadores. Quieren “politizar” la lucha económica, como si la lucha económica no llevara ya en España suficiente carga política al salirse de los cauces establecidos por los monopolistas. Pero no; ellos no es eso lo que desean. Los obreros no deben abandonar esos cauces, y han de dejar hacer a los reformistas su política tranquilamente. De lo contrario, la oligarquía no “accederá” a la “democracia”, a la “amnistía” y a otras cosas por el estilo. En pocas palabras, pretenden que los obreros se entreguen atados de pies y manos a cambio de un plato de lentejas.

Para otros politiquillos, la política se ha convertido en un juego de cifras y llamamientos tan “generales”, como vacíos. ¡Con qué desprecio acogen los obreros conscientes las pretensiones de esos elementos! Tantas decenas de miles de huelguistas, ¿por cuántos llamamientos generales? Está comprobado, no tienen cura. Las cifras son las cifras. Pero según esa regla, la huelga general hace ya bastante tiempo que se ha producido en España. ¿Y los resultados?: Ser burlados por los propios aliados compadreriles no se puede decir que sea muy malo. Lo importante, lo “auténticamente revolucionario”, no “izquierdista” ni “dogmático” consiste en tener a mano algunas cifras como credencial para los chanchullos con la oligarquía. Lo malo es que en ese juego hay gente mucho más experta, con más años de oficio en el arte de las cifras, y no existe plaza para dos.

La organización independiente de los obreros, sus objetivos, tanto inmediatos como futuros, si el movimiento es espontáneo o comienza a estar organizado de modo que se evite que la burguesía consiga desconcertarlo y desviarlo a través de sus agentes; eso es lo más importante ahora para nosotros, a ellos venimos dedicando todos nuestros esfuerzos y es lo que, precisamente, más ha destacado en las recientes luchas obreras de Madrid.

Publicado en BANDERA ROJA

2ª época-año II – nº 7, enero de 1976

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