Un futuro sombrío para la oligarquía

16 agosto, 2015 por arenaslibertad

Artículo "Un futuro sombrío para la oligarquía" 
extraído del libro El fin de la Reforma
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Sin ser España un país colonial y semifeudal, la lucha de clases adquiere cada vez más la forma de una lucha de todo el pueblo, dirigido por la clase obrera, contra una ínfima minoría oligárquica aislada y que, para sostenerse, se ve obligada a emplear los métodos de un ocupador fascista extranjero. Fomentar la resistencia contra ese enemigo de todo el pueblo, aislarlo completamente, golpearlo en todas partes, crearle todo tipo de dificultades, hacer imposible su “gobierno” de terror y expoliación, de modo que todo eso se convierta en un poderoso movimiento de resistencia popular dirigido por la clase obrera, es la única vía posible de lucha en España.

Esto no quiere decir que renunciemos a la utilización de cualquier posibilidad de trabajo legal, o que vayamos a dejar en manos de los oportunistas la bandera de la lucha por la consecución de mejoras. Los recientes acuerdos tomados por nuestro Comité Central creemos que no dejan lugar a ninguna duda a este respecto. Pero va a ser tan estrecho el margen que, incluso para arrancar una pequeña reivindicación, habrá que librar una verdadera y prolongada batalla social. ¿Qué debemos decir a las masas?, ¿que todo va a resultar muy sencillo, que no harán falta los esfuerzos y la lucha más encarnizada, que no deben de prepararse para ello? 0 a los camaradas y amigos que son tiroteados y perseguidos cuando van a tirar una octavilla o a colocar un cartel, ¿les pediremos que vayan con las manos vacías?, ¿diremos a las masas y a los camaradas: no exigir nada, no hacer nada?, ¿¡es eso lo que tenemos que hacer!? Al parecer, el régimen monopolista no deja otra salida. Pero sí que la hay y no es tan desesperada como parece. En el cuadro de la realidad que hemos descrito hay muy poco lugar para lo que llamamos “lucha clásica”, parlamentarismo, legalismo, etc. y, la verdad sea dicha, no hay ningún motivo para lamentarse de ello. Sabemos que más de uno se va a poner las manos en la cabeza ante una afirmación tan rotunda. Los datos que nos han llevado a la misma, ya han sido suministrados.

El régimen fascista en España tiene dos alternativas: seguir como está o mudar de fachada. En ninguno de estos dos casos se va a solucionar nada y, como es lógico, la oligarquía no se va a suicidar; no va a renunciar a sus privilegios, no va a devolver voluntariamente al pueblo lo que le ha robado con las armas, no va a demoler el monstruoso aparato burocrático-represivo que ha ido creando a través del tiempo. Por consiguiente, es también muy lógico y natural que las masas, y menos aún la clase obrera, no entrarán por el aro de esas dos alternativas. ¿Quiere esto decir que no existe otra? En modo alguno. Pero esa otra alternativa ya no es propiamente una alternativa del régimen; es una alternativa contra el régimen: Gobierno Provisional democrático revolucionario, consejos obreros y populares, nacionalización de los monopolios y del capital financiero, derecho a la autodeterminación de las nacionalidades de España, etc. Tal es la alternativa que propone al pueblo nuestro Partido. Con ella se comenzarían a resolver todos los problemas. Queda claro que eso no se puede lograr sin derrocar antes, sin demoler hasta los cimientos al podrido régimen fascista-monopolista.

Ahora cabe hacer la siguiente pregunta: ¿Seremos capaces de tirar al fascismo y de acumular la suficiente fuerza para marchar hacia el socialismo sin pasar por una etapa de régimen parlamentario burgués? Nosotros afirmamos: sí, somos capaces, y eso es perfectamente realizable. La clase obrera de España, dirigida por su Partido (y lo será con un poco de tiempo), atrayéndose a los campesinos pobres y otras capas populares con su lucha resuelta, es más que suficiente para derrotar al fascismo, crear un régimen de verdadera libertad para el pueblo, sin fascistas y sin monopolistas, y marchar así al socialismo sin necesidad de pasar por el parlamentarismo burgués, imposible que pueda darse en nuestro país más que a condición de que renunciemos a toda mejora ya todo derecho. En ese caso, ¿para qué serviría? Sólo para una cosa: para lavar la cara y legalizar al fascismo. Esa podredumbre, ese trasto viejo, no nos hace falta para nada, ha muerto, y bien muerto está. Resucitarlo resultaría una comedia. Las masas, por las propias necesidades de la lucha han prescindido por completo de él y han creado formas nuevas, superiores, de lucha. Llegado el momento, el pueblo se dotará de una forma política de Poder mil veces más democrática y económica que la más “democrática” forma parlamentaria burguesa. ¿Cómo? Eso ya lo veremos. Una cosa está bien clara: es una completa mixtificación, una falsedad en la que han abundado los revisionistas, suponer que no existe otra forma de lucha revolucionaria, ni otra vía para llegar al socialismo, que la parlamentaria y legalista.

Publicado en BANDERA ROJA

2ª Época – año 1- nº 5, noviembre de 1975

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