Hay que proseguir la lucha contra el revisionismo

11 septiembre, 2015 por arenaslibertad

Artículo "La bancarrota del revisionismo contemporáneo" 
extraído del libro En Defensa del Comunismo
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Nunca se insistirá bastante sobre la importancia de mantener la lucha más intransigente contra el revisionismo. Ciertamente, ésta es una batalla muy larga, y en el transcurso de la misma el revisionismo ha sido desenmas­carado ya muchas veces. Sin embargo, otras tantas veces ha vuelto a reaparecer recubierto con distintos ropajes y presentando algunas variaciones sobre los mismos temas. La burguesía también aprende y busca la mejor manera de engañar a los obreros.

Lo que más destaca últimamente del revisionismo es su desembozado socialdemocratismo y chovinismo. Ya ni siquiera se dedican a “teorizar” para tratar de reinterpretar de nuevo a Marx ya Lenin. Esta labor la han dejado en manos de los apologistas descarados del imperialismo. Ellos se limitan a aplaudir y se muestran muy complacientes con los resultados que aquéllos ofrecen.

Actualmente, los revisionistas han decidido dejar de lado la dialéctica materialista. ¡Menudo estorbo! Les basta con el pragmatismo y el positivismo, “superadores” de todas las contradicciones y antagonismos sociales del mundo moderno. Algo semejante se puede decir acerca de su concepción política y de su teoría sobre el Estado. Los revisionistas ya no necesitan negar la lucha de clases ni atacar la dictadura del proletariado porque, como se sabe, éstas son cuestiones también “superadas” por ellos hace ya tiempo. Por eso se han decidido, sin ningún cargo de conciencia, a implantar el “Estado de Derecho” de la bur­guesía. ¿Y qué decir de sus tesis económicas? Por lo visto, la explotación y la depauperación creciente de las masas obreras y populares por el capital ya no existe, es un fenómeno “del pasado”, como lo es, sin duda, el dominio del capitalismo financiero sobre la economía de todos los países y en el plano mundial. El análisis que hizo Lenin sobre el imperialismo (la etapa actual del desarrollo capitalista) resulta una entelequia para ellos. Esta es la razón de que se hayan convertido al “liberalismo” y que estén presentando esta doctrina como la última palabra de la ciencia económica y social.

Por el momento, el mecanismo de la “privatización” de las empresas públicas ya se ha puesto en marcha en la mayor parte de los países del Este de Europa, lo cual supone, además del despido en masa de los trabajadores y la explotación intensiva de los que logren conservar su empleo, el mayor y más escandaloso expolio que jamás se haya cometido, ya que, al igual que sucede en los países de más larga tradición económica “liberal”, sólo serán privati­zadas las empresas más rentables. Las demás seguirán en manos del Estado, para que se vea más claramente lo poco eficiente que resulta su gestión. El cuadro se hará todavía más nítido si se considera que los únicos posibles compradores tendrán que ser los capitalistas extranjeros y que el dinero obtenido por la venta de la industria nacional será destinado a pagar la deuda externa que han contraído los nuevos gobernantes en lo que llevan de “reforma”.

Por su parte, los gorbachovianos han dado vía libre a la “economía de mercado” y, ante los requerimientos de medidas más radicales para implantarla, responden que se necesita ir despacio. Reconocen que sí, que no es posible estar sólo “un poquito embarazada”, pero aclaran que todo embara­zo conlleva un período de gestación anterior al parto. De modo que no sólo no se oponen a la restauración del capitalismo, sino que la están promoviendo aplicando medidas “realistas”. Necesitan vencer la resistencia porfiada de los trabajadores y temen, no sin razón, que las precipita­ciones pueden provocar un aborto. También esperan la ayuda del capital extranjero en forma de créditos e inversio­nes (la otra ayuda, la política, propagandística y militar, ya la tienen desde hace tiempo). El problema que se les plantea en este terreno consiste en que ni la URSS ni los países ex socialistas resultan un buen negocio para el capitalismo financiero, sino más bien una nueva carga que añadir a la desmesurada deuda que mantiene estranguladas las eco­nomías de la mayor parte de los países capitalistas. Es evidente que por ahí no existe ninguna salida. Pero los re­visionistas la están buscando, al tiempo que hacen todo lo que pueden por acabar de hundir la economía de la Unión Soviética.

Por todos estos motivos se puede asegurar que el daño que han causado no es nada en comparación con el que todavía pueden causar. De ahí la importancia de proseguir la lucha sin concesiones contra la canalla revisionista. En este punto hay que poner mucho cuidado para no dejarse deslumbrar por las apariencias. La lucha política e ideológica a gran escala acaba de comenzar y experimentará todavía numerosos zig-zags o virajes, de modo que resulta inevitable, en tanto no se delimiten claramente los campos, que aparezcan muchas veces confundidos los elementos más dispares y hasta contrapuestos. Además, no debemos perder de vista los efectos negativos que han producido los más de treinta años de predominio revisionista, la confusión que han creado, el desarme ideológico y cultural casi com­pleto de las masas, el descrédito a que han llevado al ideal comunista, etc.

 

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