El movimiento campesino y la táctica del proletariado

27 septiembre, 2015 por arenaslibertad

Artículo "El movimiento campesino y la táctica
del proletariado" 
extraído del libro El fin de la Reforma
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El movimiento campesino, que ha resurgido en España con una fuerza y extensión inigualables en otros países capitalistas, ha sacado a la luz una cuestión de la mayor importancia para el proletariado revolucionario.

Se trata de las alianzas y de la táctica a seguir en la lucha por la destrucción del sistema capitalista, tema éste que parecía olvidado después de haber sido tan manoseado por el oportunismo.

El revisionismo carrillista comenzó por quitar importancia al campesinado como fuerza revolucionaria, excluyéndolo casi totalmente de la política de alianzas de la clase obrera. Poco después sustituyó a los campesinos por los sectores de la burguesía “liberal”. Pero antes de esto, el revisionismo tuvo que negar también el carácter revolucionario de la clase obrera, trató de eliminar toda línea de demarcación entre el proletariado y otras capas de trabajadores (como los técnicos, los profesionales, los funcionarios, etc.). De esta manera, el revisionismo pretendía hacer desaparecer los objetivos de la revolución socialista y enganchar a la clase obrera al carro de la burguesía monopolista, cuya aspiración máxima es hacer de ella un apéndice de su política de reformas.

El desarrollo de la lucha de clases ha desenmascarado todas las absurdas teorías del revisionismo y ha tirado por tierra sus planes contrarrevolucionarios.

Por su parte, los oportunistas de “izquierda”, también en este terreno han seguido los pasos de sus maestros revisionistas. Primero se dedicaron a predicar la necesidad de un “frente nacional”, pero como la burguesía nacional no apareció por ninguna parte y se desarrollaba con fuerza el movimiento obrero espontáneo, se dedicaron a hacer culto a este movimiento, en oposición a la labor de reconstrucción del Partido. Más tarde secundaron todas las provocaciones y maniobras políticas dirigidas por la gran burguesía contra el movimiento independiente de la clase obrera para pasar, finalmente, a colocarse bajo la dirección de los monopolios.

Toda esta gente, que se ha vendido al capitalismo y está colaborando en su política de represión, son los que, desde hace tiempo, vienen acusando de “izquierdismo” y de otras cosas peores al Partido. ¿y saben por qué? Pues porque el PCE(r) no se ha dejado arrastrar al pantano de la colaboración con el régimen donde ellos se hunden cada día más y más; porque no sólo hemos creado las bases para la existencia del Partido revolucionario de la clase obrera y emprendido la lucha resuelta contra el capital, sino también porque hemos deslindado los campos con todos ellos y los desenmascaramos en su colaboracionismo.

El PCE(r) no se alía, no pacta ni apoya a ningún sector de la burguesía monopolista, por muy “demócrata” o “liberal” que se quiera presentar, y eso por la sencilla razón de que esa burguesía financiera y monopolista es el principal enemigo que tiene ante sí la clase obrera. Para llevar a cabo el combate contra este enemigo nos aliamos y apoyamos a los sectores del pueblo que tienen contradicciones y se hallan enfrentados con el régimen fascista de los monopolios. De entre esos sectores populares destacamos al campesinado trabajador. El programa del Partido es muy claro a este respecto. Dice así: “la clase obrera es La fuerza principal y dirigente de nuestra revolución. Con la revolución, la clase obrera no tiene nada que perder excepto sus cadenas, y un mundo nuevo que ganar. El campesinado pobre constituye el principal aliado de la clase obrera en la lucha contra el fascismo y por la revolución socialista”.

Nuestras fuerzas organizadas son todavía muy débiles y no estamos en condiciones de prestar toda la ayuda que quisiéramos al movimiento campesino. Pero si aún no nos encontramos en condiciones de prestar un apoyo mayor a los campesinos y a los otros sectores que luchan y están interesados en acabar con el fascismo y el monopolismo, llegará inexorablemente el día en que podamos hacerlo. Entonces habrá llegado la hora de establecer una sólida alianza. A eso venimos contribuyendo desde hace tiempo con la lucha desarrollada en los principales centros industriales contra los enemigos comunes, al mismo tiempo que desenmascaramos a los lacayos reformistas. Esa lucha supone en estos momentos el mejor apoyo que se le puede prestar a los campesinos y le está sirviendo de estímulo.

Nosotros somos comunistas, y como tales tenemos el deber de apoyar en la medida de nuestras fuerzas todo lo que contribuya a aislar y debilitar a los grandes capitalistas financieros. Al mismo tiempo, tenemos que delimitar claramente los campos con ellos y reconocer a los posibles y potenciales aliados de la clase obrera. Sin esto, sin distinguir a los amigos de los enemigos, no se puede llevar a cabo la lucha revolucionaria.

De entre todos los sectores populares, no cabe ninguna duda de que es el campesinado el principal y más seguro aliado con que cuenta la clase obrera en la lucha contra el régimen fascista y monopolista. Después de la clase obrera, el campesinado constituye la parte más numerosa de la población que está siendo explotado y esquilmado por los monopolios industriales y financieros hasta llevarlos a la desesperación; el campesinado carece, como la clase obrera, hasta de las mínimas libertades para defender sus intereses. Por todos estos motivos se ve obligado a luchar, habiendo dado ya sobradas muestras de su valentía y decisión en el combate.

El jefe político natural del campesinado es la clase obrera (no los “liberales” burgueses) y de hecho el movimiento campesino siempre ha venido actuando en España bajo la influencia del proletariado industrial y siguiendo su ejemplo. ¿Acaso podrán encontrar los campesinos el apoyo y la dirección que necesitan en los liberales burgueses o en sus ayudantes reformistas? Esos llamados liberales son todos ellos capitalistas-financieros o representantes de los monopolios a los que se vienen enfrentando el movimiento campesino. Son los mismos vampiros que han estado chupando la sangre al campesinado durante todo este tiempo y hacen planes para seguir chupándosela, sólo que modificando los métodos. En cuanto a los reformistas, ellos sólo piensan en los campesinos como en una moneda de cambio para sus chanchullos políticos, no como aliados para luchar juntos y por objetivos comunes contra el gran capital. Por este motivo, los reformistas buscan la manera de aislar al movimiento campesino de la única clase que de verdad puede ayudarlos en su lucha, a resolver todos sus problemas, y está interesada en hacerlo. Esta clase es la clase obrera.

Los campesinos piden precios justos por sus productos, equiparación en la seguridad social, libertad para crear sus propios sindicatos, etc.

La clase obrera ha de apoyar estas justas reivindicaciones solidarizándose y yendo a la huelga en apoyo del movimiento campesino. Esto debe hacerlo siempre, segura de que de esa forma se beneficia a sí misma y debilita el poder de los grandes capitalistas. A la vez que apoya al campesinado en sus luchas y en la consecución de sus justas demandas, la clase obrera tiene que hacer ver y convencer a los campesinos de que bajo el capitalismo no se conseguirá nunca un mejoramiento general y duradero de su situación. El monopolio provoca continuamente el empobrecimiento y la ruina del campo, coloca a los campesinos en situación de asalariados, sin que puedan disfrutar de algunas de las ventajas de los trabajadores de la ciudad. Los monopolios tienden a dejar en manos de los campesinos sólo los títulos de propiedad, están interesados en conservar en su conciencia las ideas y los prejuicios más retrógrados, todo aquello que les separa del proletariado y que hace de ellos una capa social diferente, pero las ganancias se las llevan los ricachones de mil maneras, directas o indirectas: con los precios abusivos, con los altos impuestos, los elevados intereses por los préstamos, etc., etc.

De hecho, la situación de los campesinos es similar, y en muchos aspectos peor, que la de la clase obrera. La única diferencia es que el campesinado conserva en su mente el espejismo de la propiedad privada, y la clase obrera no. Esto resulta imposible de evitar mientras no sea derrotado el Poder de los grandes capitalistas y terratenientes, mientras subsista la propiedad privada sobre los medios fundamentales de producción, mientras las fábricas, el capital, las grandes extensiones de tierra cultivables no pasen a ser propiedad de todo el pueblo trabajador. Sólo después de esto, una vez que el capital, las fábricas y las grandes extensiones de tierra hayan pasado a propiedad de todo el pueblo, los campesinos podrán organizarse libremente, podrán crear cooperativas y otras formas avanzadas de organización de la producción y distribución. Será de esa manera como irán resolviendo paulatinamente todos sus problemas. Los que no tengan suficiente tierra para llevar una vida digna, o estén en condiciones de trabajar más de la que ahora tienen, podrán disponer de más y mejores tierras si lo desean. Pero no les estará permitido explotar a nadie, no podrán engordar con el trabajo de otros trabajadores ni especular con las tierras del Estado.

La clase obrera no se opondrá a que los campesinos conserven e incluso aumenten las tierras que puedan trabajar ellos solos o junto con sus familias, aunque, lógicamente, los obreros no somos partidarios de ningún tipo de propiedad individual y haremos lo posible, aplicando siempre métodos democráticos, para que se creen formas de explotación agrarias colectivas, pues se ha comprobado que ese tipo de explotaciones son las que más beneficios reportan a los propios campesinos y a toda la sociedad.

Queda clara, pues, nuestra postura ante el movimiento campesino. Como se verá, está inspirada y se corresponde con la estrategia y la táctica revolucionaria marxista-leninista que aplica el Partido para derrocar al capitalismo y construir el socialismo. El PCE(r) rechaza por principio todo acuerdo o pacto con la gran burguesía explotadora, fascista y criminal; pero, al mismo tiempo tiende la mano y estimula a seguir en la lucha revolucionaria a los campesinos y a los demás sectores populares con los que, más tarde o más temprano, la clase obrera establecerá una sólida y duradera alianza.

En esta cuestión nos diferenciamos tanto de los revisionistas y demás oportunistas de derecha (que hace tiempo han renunciado a la táctica revolucionaria y que pretenden colocar al proletariado bajo la dirección de la gran burguesía) como de aquellos otros grupos que, sea porque no han pensado suficientemente en este problema crucial, sea porque, en otros casos, son unos idealistas y trotskistas incurables, pretenden aislar a la clase obrera o enfrentarla de manera absurda y artificial a sus aliados naturales. Como se comprenderá, por ninguno de esos dos caminos se llegará al socialismo, sino que se busca mantener a la clase obrera ya todo el pueblo explotado y sojuzgado.

Publicado en BANDERA ROJA

2ª época-año III- nº 22, abril de 1977

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