Revista Punto y Hora de Euskal Herria (13 de julio de 1984)

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Manuel Pérez Martínez es un nombre de apellidos simples, corrientes. Apellidos invadidos de anonímia. El «camarada Arenas» es un hombre pequeño de estatura, delgado y fibroso. Se ríe con ganas cuando le comentamos que nos hemos enterado que sus compañeros le llaman «Fosforito» asemejando una cerilla. Cabeza-flogisto, se diría que hecha para pensar, según dicen los que le conocen. Presume de un poblado bigote, pero no estamos seguros de que no sea postizo. Usa unas transparentes gafas de quita y pon según convenga. Por lo tanto, no necesita escrutarte con la mirada y los clásicos ojos vivillos y chispeantes que se supone debe tener todo dirigente obrero.

Este hombre, natural de Melilla, ex-escayolista y criado en El Pozo del Tío Raimundo vallecano, da la impresión de ser un auténtico peso pesado político que mira el paisaje sociopolítico con sus propios ojos, utilizando las transformadoras antiparras leninianas.

No nos consta que Marx usara anteojos: es lógico que sus fieles interpretadores lo hagan adecuando la teoría a las nuevas condiciones.

PUNTO y HORA lo entrevistó en el homenaje que se tributó a Kepa Crespo Galende, en el 3er Aniversario de su muerte en huelga de hambre.

Camarada Arenas

Firme en los principios socialistas

Jon Odriozola

Pérez Martínez —la persona— nos comenta que después de siete años de cárcel, aislado los dos últimos, encuentra estimulante este cálido recibimiento de que fue objeto y que no esperaba.

“De lo que no cabe duda —dice «Arenas»— es que después de todo este tiempo, el Gobierno no ha conseguido su propósito inicial cual era acabar con el movimiento de resistencia y con el PCE(r). Pretendían que saliese solo, que mi salida se convirtiera en algo sin importancia, aislado de los problemas reales del pueblo”.

-Sin embargo, no se puede decir que los medios de comunicación te hayan ignorado.

«En efecto, así ha sido y yo soy el primer sorprendido. Esto yo no lo podía calcular de antemano y lo atribuyo a que la situación general del país está mucho más agravada que hace siete años desde que se produjo mi detención. En este tiempo se va demostrando que esta democracia es un montaje de la oligarquía para ganar tiempo y reestructurar el Estado para mejor hacer frente al movimiento revolucionario y popular. Se ha llegado a una situación en la que todos los partidos de la Reforma se han integrado o han sido liquidados como el de Carrillo y, claro, lo que la gente se pregunta es, bueno, aquí qué pasa, ¿es que no hay nadie que plante cara a este Estado capitalista y su Gobierno socialdemócrata? La crisis general del sistema y la bancarrota de los partidos políticos ha hecho, en mi opinión, que la prensa y los diferentes medios se vean obligados a prestar atención a la ‘noticia’ de mi salida de la cárcel, en contra de sus deseos naturalmente”.

-Nos habla de las artimañas empleadas en un reciente reportaje de «Cambio- 16» y respecto de lo que piensa hacer en la actualidad, comenta que entrar inmediatamente en contacto con su partido a través de los diferentes viajes que está realizando «para tener un conocimiento más cabal de la realidad política del país».

-Le preguntamos si piensa actuar a la luz pública.

“Esa es mi idea, desde luego. Haré lo que vengo haciendo hasta ahora, abiertamente, siempre que se me permita hacerlo. Yo no estoy afectado por la clandestinitis—ríe— ni ningún sectarismo. Soy partidario de trabajar de cara a las masas y cuanto más mejor. Como comunista y como partido revolucionario no tenemos nada que ocultar.

Acabo de salir de prisión y sería clamoroso que me detuvieran de nuevo, pero es probable que esta situación no dure mucho y que de una forma o de otra me vea obligado a ocultarme para poder seguir diciendo lo que ahora mismo estoy diciendo”.

Es una simple medida de protección frente a la represión, matiza y añade que no descarta la posibilidad de exiliarse «si las cosas se ponen demasiado feas».

-¿Cómo ves la situación política en general?

“La vemos como de crisis estructural que no se resuelve con un cambio de Gobierno o de ministros conflictivos (que ni esto hacen), o el retoque de una ley (si no es para reforzarla) o la chachara parlamentaria, sino que afecta a la misma base económica del sistema que se agrava e impide toda salida política de tipo ‘reformista’.

Aquí hay que encuadrar el desarrollo de la lucha de clases. En estos últimos años sería ingenuo no reconocer que la oligarquía ha sabido maniobrar y readaptarse a la crisis despojándose de algunas formas de su viejo poder, pero la misma raíz y la naturaleza de la crisis no les permite asentar sus planes económicos y sus proyectos políticos tal y como ellos desearían. De hecho han vuelto a adoptar muchas de las técnicas represivas, digamos antiguas; guerra sucia, asesinato político, terrorismo de Estado, tortura… lo que evidencia que la actual política del Estado — el Estado no ha cambiado — es la continuadora de los últimos cuarenta años; es decir, una política fascista. La etapa de las ilusiones ha sido superada. Las promesas podrían engañar durante un cierto tiempo para preparar futuros enfrentamientos de clase, pero la misma oligarquía echa marcha atrás.

Ni siquiera hacen ya demagogia. Hoy se asume la guerra sucia, se regatea el referémdum sobre la OTAN, se ocupa Euskadi, se tortura igual o más, se burlan cínicamente de sus promesas, se reconvierte salvajemente, se intenta aniquilar a los presos y todo en el sentido más reaccionario.

Las tímidas reformas de Suárez hoy han desaparecido: es la reforma de la Reforma que tan bien lleva a cabo Felipe González para gusto del gran capital, el Ejército y el imperialismo Yanqui”.

-Ni él ni nosotros podemos eludir ese «problema vasco» catalizador de tantos posicionamientos políticos. El «camarada Arenas» y su Partido lo tiene claro. Abogan sin restricciones por el derecho de Autodeterminación

“y no es sólo eso. Nosotros consideramos que el pueblo en uso de ese derecho también puede optar por la unidad con el resto de los pueblos del Estado para formar un Estado como convenga a todos y a cada uno de ellos. Está claro que esto no puede surgir de una imposición; tiene que derivar de una decisión libre por cada uno de estos pueblos. (…)Tenemos que la autodeterminación si bien implica el derecho a separarse, es decir, la independencia, también supone crear una nueva unidad de todos estos pueblos oprimidos nacionalmente sobre nuevas bases. El problema es que para nosotros esas bases sólo pueden darse en y con el socialismo”.

-Bueno pues ahí queda para que no se diga. Sonríe cuando le decimos que se ha escrito que él puede disolver a los GRAPO.

“No, no, yo no puedo disolver esa organización. En todo caso, los GRAPO se tendrían que disolver a sí mismos. Lo que sí sostengo es que el Estado o el Gobierno no los va a disolver por medio de la fuerza. Eso es algo que se les debe quitar de la cabeza y creo que está suficientemente demostrado en la práctica de más de diez años de lucha de esta organización armada. En todo caso, lo que conseguirían sería fortalecerlos con su política cerril. Yo lo que sí he propugnado en nombre de mi Partido y que obedece a su línea general, es que si el Gobierno accede a las justas demandas del movimiento de resistencia y su programa de los Cinco Puntos, nosotros tendríamos autoridad moral para abogar por su disolución. Pero como Partido no podemos ordenar el cese de la lucha ni su disolución”.

-No está conforme con la identificación PCE(r)-GRAPO que para la prensa son la misma cosa.

“Para la policía somos la misma cosa. Con HB y ETA querían hacer algo parecido, que “si el brazo político de tal”… Con nosotros han tenido más éxito porque nuestra organización política es más débil, más reciente y eso ha permitido sembrar la confusión en algún momento. Pero no hay ni una sola prueba que permita establecer esa pretendida vinculación orgánica.

Otra cosa es que nuestro Partido apoye, y lo dice abiertamente, a los GRAPO y lo seguirá haciendo hasta que se creen las condiciones que permitirían pensar en su disolución, cosa que en la actualidad no sucede”.

-También se ha hablado de la legalización del PCE(r).

“Se especula mucho sobre esto. Incluso ‘ellos’ estarían muy interesados en que nuestro Partido se legalizase, esto es, que aceptara el orden económico y político vigente, que se inhibiera sobre la existencia de presos políticos, que no denunciara la tortura, etc. En definitiva, que colabore con el Estado en la represión del movimiento obrero y popular. A esto es a lo que ellos llaman legalizarse: abandonar nuestro programa por el socialismo. Nosotros entendemos el asunto de la legalización de manera muy diferente: tal cosa no se puede separar del proceso de lucha por los objetivos socialistas y que, en todo caso, va a ser el movimiento revolucionario el que va a imponer esa legalización o esa legalidad. No, repito, sobre la base de la aceptación de lo existente, sino como algo que quien esté en el poder no podrá evitar puesto que se va imponiendo con la lucha. Habrá presos nuestros, pero no podrán destruir el Partido ni controlarlo ni meter a todos sus miembros en la cárcel. Esto lo saben”.

-Se extiende sobre la debilidad de su Partido, cosa que nunca han negado, achacable —dice— a la sistemática represión y al miedo que el fascismo inspira en las masas.

“Nosotros iríamos a la ventanilla siempre y cuando cese la represión sobre las organizaciones democráticas y revolucionarias, salieran todos los presos políticos y no nos impusieran el acatamiento a la Constitución que consideramos fascista y antiobrera y, por supuesto, antivasca”.” Ellos no van a modificar su Constitución para que entremos nosotros que somos contrarios al sistema”, agrega.

-¿Crees que habrá alguna vez una Mesa de Negociaciones?

“No, no lo creo. Creo que el Gobierno no va a sentarse jamás a una mesa de negociaciones reales. Si hay algún tipo de acuerdo tácito será no solo de espaldas a la opinión pública, sino en contra de su propia legalidad. Por supuesto, seguirán empleando la violencia. Todo lo que no dependa de la imposición y desarrollo de la lucha de masas, es hacerse falsas ilusiones”.

-Cuando le mentamos el tan manido tema de la unidad de fuerzas populares, no se le escapa que existen ciertos recelos y diferencias de concepción entre organizaciones de vanguardia. No disimula la lucha ideológica, que considera necesaria y positiva, “la unidad es una necesidad que se va imponiendo por la propia dinámica del movimiento de masas; una necesidad que al final se va a imponer de una u otra manera y que de hecho ya se verifica en determinados actos, manifestaciones y solidaridades. Quien se oponga a ella será barrido con el movimiento, por toda esa corriente popular”.

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