¡Es la hostia!

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federico engels
(El discurso del método)

(A la memoria de J.M. Sánchez Casas)
Hace dos mil años
que los hombres la veneran,
la levantan sobre sus cabezas
con temblorosas manos,
y se la tragan
con los ojos cerrados y sin masticar.
¿Qué misterio oculta este manjar?
Pregunté a los sabios de la iglesia católica.
Y ellos me respondieron:
En la pregunta llevas la penitencia.
desde entonces, mi alma no encontró reposo,
atenazada entre el amor y la sospecha.
debí consultar a los filósofos
y estudiar varios tomos de física moderna.
Y gracias a mis desvelos y a las prácticas
realizadas en el laboratorio,
al fin puedo comunicarles mi descubrimiento.
Señoras y señores investigadores,
doctores y académicos:
He conseguido aislar un isótopo
desprendido de la molécula de una hostia consagrada
y medir su peso;
pudiendo comprobar empíricamente,
que se trata de una forma metamorfoseada
de la materia más vulgar y corriente.
También he podido descubrir que
el movimiento existe;
que no es un concepto convencional
de nulo valor científico
como aseguran los positivistas.
Queda aún por demostrar la teoría de la velocidad
o del simple desplazamiento.
pero si éste lo medimos
en nudos marineros, por ejemplo,
¿qué resulta de ello?
Tenemos una fuerza débil e incapaz, por tanto,
de sacarnos del atolladero.
Más si calculamos el movimiento cósmico;
aparecerá la luz
que hasta los ciegos pueden ver:
el cuanto de luz y su onda,
el principio y el fin de todas las cosas,
del ser y del no ser
de la cosa en sí,
del pensar
y del sentir.
Discontinuo, el cuanto de la onda continua se desplaza,
se mueve
y se transforma.
La lógica de este movimiento de la materia
cae por su propio peso:
ya que sin el cuanto que la sustenta,
no tendríamos onda, y sin esta onda que conecta
a los cuentos entre sí y los interrelaciona,
todo permanecerá quieto,
como no nacido,
igual a la nada,
un agujero negro.
¡¡EPPUR SI MUEVE!!
Se mueve sin que hasta el presente,
los sabios hayan logrado ponerle freno y detenerle.
Eminentísimos señores:
una vez desecho este nudo metafísico,
(que desde que los santos escribieron la Biblia
nos ha tenido encadenados a los espíritus del paleolítico),
podemos adentrarnos en la nueva cosmología
y en sus misterios.
En la gran explosión, en las masas de antimateria,
en el surgimiento del universo
y de las estrellas;
que como todos ustedes saben muy bien,
tienen su origen en un
isótopo
mucho más diminuto que la cabeza de un alfiler…
¡Clama al cielo esta astronomía que así se enuncia!
Lo cual no es, permítanme que les diga,
sino una nueva superchería.
Pues si consideramos que la luz viaja
a 300.000 kilómetros por segundo
¿cuántas toneladas de alfileres haría falta fabricar
para cubrir el espacio de tan sólo una hora de luz?
¡Calculen, colegas,
qué es la ostia!
Mi teoría es axiomática.
La he comprobado repetidas veces
en el laboratorio que tengo instalado en casa.
Atrapé en vuelo con la mano,
como si fuera una mosca,
una molécula consagrada
e inmediatamente la introduje en el acelerador
de partículas.
A una velocidad próxima a la de la luz,
sometida a los intensos flujos electromagnéticos,
a innumerables choques con electrones, neutrones,
fotones, mesones, iones y otras micropartículas
elementales y aleatorias,
la molécula fue perdiendo peso;
su masa se comprimió en proporción al cuadrado
de su velocidad,
hasta quedar bruscamente transformada
en un isótopo virtual.
Vi aparecer, señores investigadores y académicos,
exactamente lo que yo buscaba en mis experimentos.
Conseguido el isótopo virtual
la labor resultó muy sencilla:
Ll metí en la batidora con un puñado de harina de trigo,
añadí un chorrito de lavavajillas,
y puse la mezcla a secar en el horno de la cocina.
El resultado fue una plasta
como las que dan en misa.
He ahí, señores, un nuevo diseño
de hostia
obtenido con métodos caseros
y poco dinero.
Un logro, sin duda, trascendental
por cuanto impulsa hacia delante el desarrollo
/ de las ciencias
y libera la mente de la humanidad.

Junio 2001

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