Biografía

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Manuel Pérez Martínez, Arenas, Pedro

Secretario General del Partido Comunista de España (reconstituido)

Biografía

    Y simple soy, y soy claro

    como una gota en el mar.

    Porque busco la verdad en los hechos

    ya vivo en mis actos.

    Porque amo la verdad

    y la proclamo.

    Porque me forjo en la verdad

    y para llegar antes a ella

   tomo siempre el atajo.

 foto biografía  Así se definió nuestro Secretario General en una de las muchas poesías que ha escrito, «esos subproductos de mi calenturienta imaginación», las llama él. Es la sencillez de un hombre que sintetiza la historia del nuevo movimiento revolucionario en España, pilar de nuestro Partido y jefe indiscutible del proletariado de nuestro país. Sus aportaciones al acervo siempre vivo del comunismo científico y su lucha implacable contra toda mixtificación de los principios del marxismo-leninismo, le han convertido en un reconocido dirigente del movimiento comunista internacional, en una figura revolucionaria que trasciende a nuestras fronteras.

   Arenas nació en 1944 en el seno de una familia obrera de Melilla.

«Yo crecí entre higueras y espinos… En las tardes de primavera, que todo lo agrandan, jugaba a pillerías a la sombra de una mezquita…».

   Sin haber cumplido 12 años y apenas sabiendo leer y escribir, tuvo que dejar la escuela:

«… Pero la necesidad me inició pronto en el difícil oficio de ser hombre. Entonces conocí la santurronería, la avaricia y la mentira, todas reunidas formando cuerpo en la persona del patrón; conocí el dolor de la madre que pierde al hijo desnutrido [uno de sus hermanos]; … así terminó mi infancia y me hice hombre siendo todavía niño».

   Más tarde se traslada con su familia a vivir a una chabola del Pozo del Tío Raimundo; ese suburbio de Madrid «donde la gente lloraba y gemía durante todas las horas del día y de la noche», era el resultado del «’milagro económico’ que comienza a asentarse en los lodos del Pozo, en las Palomeras, Entrevías, Orcasitas y en tantos otros valles de este mundo de horrores». Allí se coloca de aprendiz de escayolista, oficio del que se convertiría en un notable especialista. Años después relataría sus dificultades cuando comenzó aquel nuevo trabajo: «¡No veas cómo pesan los tablones! Algunos no los puedo ni levantar del suelo. El oficial me chilla, me dice que no valgo para nada y que me va a despedir, hasta que lo levanto con todas mis fuerzas y lo echo encima del andamio o de una burra… ».

   Pedro recordaba la situación en que encontró a sus nuevos compañeros, los obreros, bajo el régimen fascista de Franco:

«No hablaban, estaban indefensos, careciendo de todo tipo de organización, con el recuerdo de una gran derrota reflejado en el semblante y atemorizados por la brutal represión que los vencedores aún ejercían sobre ellos… Había que esperar a que llegase de nuevo la hora de alzar la frente y el puño».

   Esa hora llegó y Pedro participa en las luchas del sector de la construcción, en las que destacaría por sus dotes de organizador. Es la época en que empieza a estudiar intensamente las obras de los clásicos del marxismo-leninismo, siempre escasas y difíciles de conseguir por mor de la férrea censura franquista; su conciencia proletaria se refuerza y comprende que la lucha de los obreros debe salir de los estrechos márgenes del sindicalismo y del reformismo “reconciliador” a que pretendía conducirla el ya por entonces revisionista Partido de Carrillo. Su afán por el estudio le lleva a crear una célula “comunista” en el barco de guerra donde hace la mili:

«En la cocina, bajo las mismísimas barbas de los oficiales, hacíamos nuestras reuniones».

   De nuevo en Madrid, comienza a dirigir las luchas de los vecinos del Pozo por el mejoramiento de las condiciones de vida y, más tarde, crea las Juventudes Comunistas de Vallecas desde donde combatiría a los carrillistas.

«Fue la época en la que a los rojetes del barrio nos metieron a la cárcel».

   A primeros de los años setenta y tras su salida de prisión, se incorpora a la Organización de Marxistas-Leninistas de España (OMLE), de la que con el paso del tiempo se convertiría en su más firme dirigente. Es entonces cuando da rienda suelta a toda su energía revolucionaria; Pedro se multiplica, realizando una infatigable labor de propaganda y organización al tiempo que participa en huelgas y manifestaciones. Su capacidad de organizar y su preocupación constante por los problemas teóricos del movimiento comunista, corren parejos con ese saber dar el “toque” de audacia revolucionaria en el momento preciso. Aún se recuerda la anécdota de una manifestación -ilegal, como todas las de la época- que quedó frenada a la altura del puente de Legazpi por un policía municipal, un cachalote de dos metros, que cruzándose en su camino amenazaba para que se disolviera; de pronto, entre las filas desconcertadas de los manifestantes, se destacó la pequeña figura de Pedro que se plantó delante de aquella mole uniformada, le echó mano a los fondillos y la volteó como esos pesados tablones que manejaba en la obra hasta arrojarla a tierra. Y la manifestación siguió adelante.

   Durante todo este tiempo Arenas enfoca su trabajo en una única dirección: «Con un verdadero Partido Comunista removeremos los cimientos de este país». Esa era la misión de la OMLE: crear las bases para la reconstrucción del Partido. Y eso sucede el 8 de junio de 1975 en el Congreso Reconstitutivo, cuando da lectura en un viejo caserón de las tierras del norte a un Informe Político ya histórico:

«El Partido no lo hemos puesto en pie en el aire ni en unos días ni al margen de la lucha de clases. Para reconstruirlo en medio de la confusión y el desorden provocado por la traición revisionista hemos tenido que trabajar duro durante más de siete años».

   Pedro es consciente de la enorme tarea que el Partido y él mismo como su Secretario General se han echado sobre sus espaldas y así lo advierte:

«El camino de la revolución no es un camino de rosas. Es escarpado y difícil; exige sacrificios (…) Para hacer la revolución hay que armarse de coraje y tomar ese camino. No existe otro».

   Pero también está convencido de que, a pesar de la debilidad de la nueva vanguardia comunista, ésta saldrá adelante y que en cualquier caso el futuro les pertenece:

«”Los nada de hoy todo han de ser”. ¿Tú no has oído esa letra? Nosotros sí, y la cantamos muy a menudo. Creemos en la letra de esa canción. Sabemos (la experiencia de todos los países nos lo ha enseñado) que una cosa, en principio débil, puede tornarse fuerte, y que lo que se muestra fuerte y arrogante, puede declinar y ser finalmente abatido por lo que antes era débil o nada más que una esperanza».

   Dos años después del Congreso Reconstitutivo, tuvo lugar el II Congreso; en él quedaron fijadas las tesis de que «del fascismo no hay marcha atrás a la democracia burguesa» y lo que se ha denominado «la política de Resistencia», que incluía el recurso a la lucha armada guerrillera por parte de los obreros en su enfrentamiento con los modernos Estados capitalistas y para la toma del poder. El aún débil PCE(r) se convertía, así, en el primer y único enemigo político del nuevo régimen “reformado”, que no duda en descargar toda su feroz represión contra él. Meses después del Congreso, es detenido todo el Comité Central en Benidorm, con su Secretario General, Arenas, a la cabeza.

«Hasta aquel momento habíamos realizado una labor de enorme envergadura (si se tiene en cuenta las condiciones generales del país y nuestra extrema flaqueza) También habíamos librado la más importante batalla política contra el régimen desde los “tiempos de la guerra”. Como hoy está ya suficientemente demostrado, aquella gran batalla política que libramos apenas haber nacido como Partido, dejó al Estado fascista español con el culo al aire y con las dos alas bien tocadas, lo que le ha impedido posteriormente reponerse… Fue, ya digo, un periodo de intensa lucha de clases y de lucha ideológica contra el revisionismo, en el que logramos ganar para la causa a la verdadera vanguardia del proletariado de todo el Estado y el Partido sembró sobre la tierra todavía fértil de la clase obrera española, la semilla de la futura revuelta que hoy se prepara y cuyos primeros brotes vemos ya salir a la luz en todas partes con fuerza».

   En la “Comuna Carlos Marx”, Pedro –en la cárcel quedó para siempre grabado ese nombre entre sus camaradas, menos “oficial” que el de Arenas– se esforzó por transmitir sus conocimientos y experiencias y por crear verdaderos cuadros comunistas. Y nada de esto podía hacerse sin lucha, sin huelgas de hambre, plantes, etc. que preservaran el estilo de vida colectivo siempre amenazado por los fascistas y sus esbirros carceleros. Vinieron entonces seis largos años de enfrentamiento constante contra el régimen de aislamiento y los intentos de aniquilación de los presos políticos que a Pedro le supusieron meses de aislamiento severísimo que dejaron en él una huella indeleble:

“Yo creo que existe el sentimiento y la atracción del amor, pero también creo en el odio. ¿Qué sería del primero sin la repulsa que genera el segundo? También existe la indiferencia o el desprecio, que es una forma de reclusión. Esa es la peor enfermedad que puede padecer una persona. Se sabe que el amor crea. El odio es una fuerza descontrolada, que lo mismo puede crear que destruir, o hacer ambas cosas a la vez. La indiferencia, siempre mata a quien la padece. Por eso soy enemigo declarado de los indiferentes.”

   También la cárcel supuso el “reencuentro” con su familia, en especial con sus hijas. La vida clandestina les había separado, aunque Pedro siempre las tenía presente en su recuerdo, como se refleja en algunos de sus poemas:

Os miro, y mi corazón

endurecido por mil batallas

se deshace

como un azucarillo

humedecido por las lágrimas.

No he sido

Un padre para vosotras

Sino un hermano mayor

Siempre lejano”.

 

   Tras su salida de prisión en 1984, poco duró ese “reencuentro”, pues nuevas batallas de la lucha de clases y la persecución policial le empujaron de nuevo a la clandestinidad.

   Desde su exilio en Francia, Arenas ha seguido dirigiendo el PCE(r) durante los últimos quince años. La culminación de la batalla contra la Reforma del régimen hasta que éste ha quedado hundido en sus más negros orígenes, la reorganización de la Dirección y los organismos del Partido en las principales localidades de España, sortear las negociaciones-trampa hasta darles la vuelta y convertirlas en plataformas de propaganda de nuestro movimiento revolucionario, dar a conocer a las amplias masas de nuestro país la Línea Política del Partido por medio de sus publicaciones RESISTENCIA y ANTORCHA, difundir nuestras ideas acerca de la necesidad del Partido y del internacionalismo proletario por todo el mundo, realizar importantísimas contribuciones teóricas a los principales problemas a que se enfrenta el movimiento comunista internacional… esos son los “delitos” por los que los jueces franceses, al dictado de los fascistas de Madrid, encarcelaron a Pedro en noviembre de 2000.

«No hace falta que te diga –escribe a su compañera, Montse, también encarcelada- que tengo la certeza de que aún habremos de vivir otras importantes etapas de nuestra vida en común y que vamos a continuar siendo útiles, incluso aquí en la cárcel, a la causa de la Resistencia Antifascista y del Comunismo a la que los dos nos debemos. Esa causa va a continuar adelante cada día con mayor fuerza con o sin nosotros, de esto no puede cabernos ni sombra de dudas; sin embargo, considero que aún va a necesitarnos y podremos continuar haciendo algunos aportes».

   Efectivamente, este hombre, este dirigente comunista, este teórico de la ciencia revolucionaria, libre o encerrado, es un peligro para todos los capitalistas. Sus ideas siembran resistencia, revolución y comunismo por doquier. Por eso mismo, los oprimidos y explotados necesitamos verlo libre, en la calle, con nosotros, respirando los aires de la revolución que se acerca a pasos agigantados.

«Yo creo que la situación revolucionaria se da ya, estamos abocados a una situación revolucionaria en ascenso. Eso es un hecho real. Ahora bien, esto por sí sólo únicamente indica que se puede dar la revolución. Hacen falta otros muchos factores, como es la organización de las masas, la existencia de un partido revolucionario, etc., etc. La situación, esas condiciones, posibilitan también eso; ahora, no lo garantizan. Somos una pequeña fuerza, tenemos una línea política, tenemos un programa, vamos a ver si somos capaces de llevar a cabo la revolución. Eso va a exigir de todos nosotros un gran esfuerzo, una gran concentración, una gran voluntad, y sin eso, desde luego, no se va a hacer nada. Espontáneamente no se va a hacer ninguna revolución. Puede haber estallidos, como los hay, pero para que se haga la revolución es necesario que se den todos esos elementos: un programa, una organización y, bueno, la situación que permita en un momento dado acceder al poder mediante la única manera que es posible, mediante la insurrección. Y no con reformitas ni con alternativitas aquí o allá. El principal problema para el proletariado ni siquiera es el paro como tal, y fíjate toda la importancia que tiene, sino la toma del poder. Como no se tenga el poder, no hay nada que hacer, nada se va a resolver. Y al poder sólo se podrá acceder concentrando una fuerza revolucionaria que actúe en esa dirección. De otra manera, nada, para qué hacernos ilusiones. Otra cosa es que debamos trabajar en el día a día, estar ahí, apoyar las luchas de la gente para aclarar las ideas y hacer comprender a la gente que, en fin, eso es una vía más, una parte de ese gran río adonde tienen que confluir todos los movimientos y corrientes, que es el gran río de la revolución. Efectivamente, pero es la toma del poder por las masas, no hay otro».

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